- Quiero saber dónde debo ir. No quiero estar sin poder crecer. Aprendiendo las lecciones para ser. -

28 octubre, 2011

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)


Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
La conoció en un bar y en el hotel le arrancó la blusa provocativa, la falda entallada, los zapatos de tacón alto, las medias de seda, los ligueros, las pulseras y los collares, el corsé, el maquillaje, y al quitarle los lentes negros se quedó completamente solo. (Marcial Fernández)

Jorge Luis Borges - 1964

I 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. 
Ya no compartirás la clara luna 
ni los lentos jardines. Ya no hay una 
luna que no sea espejo del pasado, 

cristal de soledad, sol de agonías. 
Adiós las mutuas manos y las sienes 
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes 
la fiel memoria y los desiertos días. 

Nadie pierde (repites vanamente) 
sino lo que no tiene y no ha tenido 
nunca, pero no basta ser valiente 

para aprender el arte del olvido. 
Un símbolo, una rosa, te desgarra 
y te puede matar una guitarra. 

II 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa. 
Hay tantas otras cosas en el mundo; 
un instante cualquiera es más profundo 
y diverso que el mar. La vida es corta 

y aunque las horas son tan largas, una 
oscura maravilla nos acecha, 
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha 
que nos libra del sol y de la luna 

y del amor. La dicha que me diste 
y me quitaste debe ser borrada; 
lo que era todo tiene que ser nada. 

Sólo que me queda el goce de estar triste, 
esa vana costumbre que me inclina 
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

25 octubre, 2011

La ciencia en Flores - Dolina



Los Refutadores de Leyendas han  sostenido siempre que toda la
Naturaleza puede expresarse en términos matemáticos. Lo poco que queda fuera
no existe.
Así, esta comparecía racionalista se ha esforzado, utilizando cifras,
vectores y logaritmos, en representar cosas tales como el tango El Entrerriano o
los celos de las novias de la calle Artigas.
Cuando fracasaban, simplemente declaraban superstición lo que no
conseguían encuadrar en sus estructuras científicas.
Existía un minucioso catalogo de cosas inexistentes que se actualizaba
cada año. Allí figuraban los sueños, las esperanzas, el hombre de la bolsa, el
alma, el ornitorrinco, el catorce de espadas, el Angel Gris de Flores, el gol de
Ernesto Grillo a los ingleses, la generala servida y la angustia.
Otra publicación venerada fue el desmesurado libro Un Amor así de
Grande, resultado del afán de  medirlo todo. En ese trabajo no solo se otorgan
valores numéricos a los colores, aromas y formas, sino también a las sensaciones
espirituales mas sutiles.
A lo largo de cien capítulos se establece la cantidad de adrenalina que
produce un individuo antes de ser vacunado, el volumen que alcanzan las
lagrimas de una madre a lo largo de su vida, la cantidad de cera que lleva en sus
iodos el conjunto de habitantes de la ciudad de Buenos Aires (suficiente al parecer
para lustrar todos los pisos del edificio de Obras Sanitarias), y la energía que se
consume en un suspiro.
Algunos datos producen indignación en las almas sencillas: para esta gente
la novela Madame Bovary consiste en una cierta mezcla de medio kilo de papel y
un cuarto de litro de tinta. Los elementos químicos que componen al hombre son
descriptos puntualmente con su precio en las farmacias de la zona. De este modo
se llega a la conclusión que mas barato resulta un señor robusto que un velador.
No hace falta indicar el gran éxito  obtenido por esta curiosa forma de
evaluar el universo. Constantemente podemos oír en la radio las declaraciones de
brillantes deportistas que manifiestan hallarse en un setenta y cinco por ciento,
vaya a saber de que'. Los chicos preparan tablas de posiciones en las que dan a
entender que quieren primero a su madre, después a su padre en tercer lugar a la
abuela, y en el cuarto - lejos - al tío Julian. Los boletines de calificaciones no son
otra cosa que la versión escolar del pensamiento de los Refutadores.
Aunque la descripción de la conducta de un alumno que no ha estudiado su
lección, se reduce a un redondo cero. Por el contrario, un estudiante talentoso y perseverante será premiado no con un cariño ni con una frase estimulante, sino
con un diez.
No se sabe si los Refutadores de Leyendas escribían cartas de amor, pero
no seria extraño que sus mas tiernas declaraciones consistieran en gráficos
representativos del progreso de sus sentimientos.
Todo este arrebato cientificista no pudo menos que causar la repugnancia
de los Hombres Sensibles de Flores, que confiaban mas en las corazonadas que
en la razón.
Como siempre ocurre, los excesos racionales generan desaforadas
rebeliones románticas. Pero en el barrio  de Flores esa rebelión no se manifestó
únicamente a través del arte, sino que tuvo lugar - además - en el propio terreno
científico.
La Sociedad de Científicos Sentimentales nació gracias al impulso del
profesor Aurelio C. Frascarelli, quien harto de la deshumanización de las
disciplinas científicas resolvió ponerle un poco de sangre al frío mundo de las
raíces cuadradas y las cotangentes.
Este pensador delirante fundo la sociedad antedicha y edito un Manual de
Ingreso que nunca se supo si era un libro de texto o una colección de intentos
poéticos.
Las primeras innovaciones del manual son módicas. Se reducen a la
redacción mas emotiva de los problemas de regla de tres compuesta.
Transcribimos uno de ellos:
Problema 14: Doce hombres tristes tropiezan en un año con ciento seis
desengaños. No se conocen entre si, pero sufren de un modo parecido. Pregunto
entonces : ¿Cuántos desengaños padecerán ocho hombres tristes en seis meses?
Como se ve, lo novedoso consiste únicamente en reemplazar hortalizas por
desengaños, y en ciertas declaraciones  innecesarias como el mutuo
desconocimiento y la tristeza de estos hombres. Pero conforme se avanza en la
lectura del Manual se encuentran cosas mas audaces. El Problema 187 es
prácticamente una novela corta. La descripción psicológica del protagonista - un
comerciante poco escrupuloso - esta bastante bien lograda.
Hay personajes laterales (un cuñado que busca un tesoro oculto) y una
divertida pintura costumbrista de un  almacén de barrio. La pregunta final  ("¿a
cuanto deberá vender el kilo de arroz?") resulta insignificante al lado de otros
interrogantes que no están escritos, pero si sabiamente sugeridos por el profesor
Frascarelli: ¿Tiene sentido la vida? ¿Hay algún propósito en el universo?
Cumplimos sin saberlo con algún plan divino o diabólico?
A partir de la mitad del libro, el autor empieza a tomar partido
arbitrariamente en arduas cuestiones matemáticas. Paralelamente se incorporan
juicios éticos y estéticos en la explicación de teoremas y postulados. Se habla
entonces de paralelepípedos  atorrantes, de esferas traidoras, de ángulos
aburridos y llega a decirse que el trapezoide es una figura que no merece ser
tomada en serio.  Las cuestiones biológicas son en  el Manual de Ingreso verdaderas
fantasías. La vida del paramecio es un cuento de terror y Frascarelli llega a afirmar
que las amebas son muy guardianas y fieles a sus amos.
La actividad de los Científicos Sentimentales no se reducía a la difusión del
Manual. En los años de oro del barrio de Flores, muchos maestros románticos
dieron clase en una academia privada de la calle Condarco.
Los alumnos padecían la misma locura que los profesores. Cada vez que
se realizaba algún experimento en el gabinete de química, los jóvenes salían
corriendo aterrorizados, mientras gritaban  "cosa de Mandinga" o  "el Diablo anda
suelto".
El propio Frascarelli dirigía un grupo de investigación cuyos métodos
provocaban el escándalo de los Refutadores. Creían, por ejemplo, en la búsqueda
de la casualidad. Este criterio podría escribirse así: sabiendo que muchos grandes
descubrimientos se realizaron casualmente, parece una buena idea disimular el
verdadero propósito de la investigación. Así, cuando se quiere encontrar una
estrella, se busca un microbio. Los resultados no fueron muy espectaculares, si
bien Frascarelli se jactaba de haber hallado un especifico que combatía el mal
aliento, mientras buscaba la piedra filosofal.
En ocasiones, los científicos soñadores acudían a la búsqueda empírica y
tomaban frascos de untura blanca , para ver que ocurría. Estas experiencias se
anotaban en un cuaderno que ha sobrevivido a la Sociedad y en el que se refieren
mas de mil quinientas locuras , que van desde comer pólvora hasta arrojarse al
vacío desde diferentes alturas para establecer los daños físicos y morales que,
mas allá de los cuatro metros , solían traducirse en la muerte lisa y llana.
Hay que decir que aunque sus logros fueron pequeños, los propósitos de la
Sociedad no tenían limites. Durante años trataron de hacer algún milagro.
Buscaron la esmeralda que cura todas las enfermedades, el elixir de la eterna
juventud, el polvo de Perlimpimpim, el  jarabe del amor eterno y la llave de la
sabiduría. Discutieron sobre la cuadratura del circulo y la inmortalidad del cangrejo
y trataron de volver al pasado y visitar el futuro.
Todos saben que en el barrio del Angel Gris se destilaba el vino del olvido y
el licor del recuerdo. También se conocen perfectamente sus efectos y
propiedades. Al parecer, lo que mataba era la mezcla.
Algunos mentirosos pretenden que estas maravillas fueron creadas por los
Científicos Sentimentales. Nada mas falso. El vino fue obra de los Amigos del
Olvido, un club que proponía la abolición del pasado. Y el licor es - sin duda
alguna - un hallazgo de Manuel Mandeb, el polígrafo de Flores.
Tal como es fácil sospechar, los científicos románticos fueron derrotados por la
predica incesante de los Refutadores de Leyendas.
Hoy todo el mundo rinde culto a la Ciencia Pura. Y se da una ilustre
paradoja: los Refutadores no han hecho mas que reemplazar a las viejas leyendas
por otras mas nuevas, mucho peores.  Los arquitectos razonables podrán dudar  de la existencia del alma, pero
suscribirán cualquier teoría sobre el átomo , los neutrones y los protones, con la
mayor alegría.
No importa si entienden estas teorías. En realidad - como dice Sábato - el
pensamiento científico parece tener mayor poder cuanto menos se lo comprende.
Por eso se suele decir:
- Que bien que habla este hombre...! No alcanzo a entender ni una sola de sus
palabras.
Cuando un racionalista se pone supersticioso, no hay quien lo gane. Todo
parece indicar que el futuro pertenece a los Refutadores de Leyendas. Tal vez por
eso los miembros de esta entidad - la única que queda de las que existieron en los
años dorados - se muestran tan optimistas con respecto a lo que vendrá.
Todos los adoradores del progreso nos pintan un porvenir lleno de veredas
móviles que nos evitaran el esfuerzo de caminar, con maquinas invictas, con ríos
domados, y vehículos cada vez mas veloces.
A las almas sencillas, la descripción de estos espantosos mecanismos les
parece algo diabólico.
Porque en este proyecto de aparatos  infalibles y formidables fuentes de
energía no parece existir la menor preocupación por responder a alguna de las
preguntas que el profesor Frascarelli supo insertar en su memorable problema
187.
La Sociedad Científicos Sentimentales era una locura. Pero tal vez hace falta un
poco de locura entre tanta exactitud y precisión.
Serán buenos los cálculos y los teoremas inexpugnables, si es que se
aplican a rombos, ángulos y cubos. Pero empiezan a fallar cuando se trata de
personas.
Y a lo mejor esto constituye la  mas grande virtud del hombre, su toque
divino. El ultimo de los atorrantes de Flores es mas interesante que una estrella,
solamente porque su comportamiento no es previsible.
Nada de esto significa que debamos renunciar a la ciencia y su arsenal.
Que se sigan inventando licuadoras y tónicos contra el catarro. Dos mas
dos son cuatro. Los Refutadores de  Leyendas tienen razón. Pero nada mas que
eso: razón.
A mi no me alcanza.

17 octubre, 2011

LOS AMANTES DESCONOCIDOS

La sociedad de Amantes Desconocidos de Flores fue tal vez la entidad mas
secreta del barrio. Su misma naturaleza hacia imprescindible la discreción. Hace
algunos años, cada vez que alguien recibía una carta de amor sin firma los
hombres sabios no vacilaban en atribuirla a la Sociedad. Era esto un error:
siempre han existido enamorados ocultos, sin que haga falta inventarlos.

Por otra parte, cabe razonar que la obra de los Amantes Desconocidos solo
pudo tener buen efecto en la medida en que no les fuera atribuida. Se calcula que
en los años de su actuación, la Sociedad fraguo mas de dos mil historias de amor.
El procedimiento habitual era sencillo. Sin mayores ceremonias se elegía a una
persona cualquiera. La mayoría de las veces se trataba de solitarios,
melancólicos, desengañados, aburridos o simplemente amigos a quienes la
entidad deseaba favorecer. El paso inmediato consistía en crear un amante
ficticio para la persona elegida. Un equipo de ingeniosos creativos se encargaban
del asunto. A los ingenieros les inventaban adolescentes picaras. A las modistas
de la calle Morón les dibujaban nobles arruinados. A los Hombres Sensibles les
hacían amantes románticas y trágicas, pero también muy pechugonas, que eran
una verdadera delicia. Una vez establecidas las características generales del
amante ficticio, se enviaba la primera comunicación. Así, muchos hombres y
mujeres de Flores recibieron sorpresivas declaraciones anónimas que los llenaron
de estupor.

Se transcribe a continuación la carta que llevara el numero de orden 1114.

"Querido ingeniero Atilio D. Gallardo: Le escribo desde las tinieblas de mi
soledad. Le ruego que me disculpe si usurpo su preciosa intimidad. Pero existe, mi
querido ingeniero, un sentimiento dentro de mi que ya no puedo dominar. Es
preciso que usted sepa que lo amo, ingeniero. Usted no me conoce... O para
decirlo mejor: usted jamas ha reparado en mi. ¿Quién soy...? No creo que valga la
pena que usted lo sepa. Digamos que me llamo Luisa, aunque ese no es mi
verdadero nombre. Algunos dicen que soy joven y hermosa, pero tal vez
exageran. Ah... si supiera, ingeniero, cuantas veces he llorado por usted. Si
supiera cuantas noches he despertado llorando y pronunciando su nombre: Atilio.
En mi cuarto tengo un pequeño retrato suyo que he recortado de la revista "Temas
de la construcción." Usted tal vez se ría de los delirios de una pobre muchacha
enamorada. Pero ya no puedo luchar mas contra mi corazón, ingeniero. Quiero
proponerle algo. Escríbame. Cuénteme algo de su vida. Desde luego, todavía no
pienso revelar mi verdadera identidad, de modo que deberá usted dirigirse a Luisa,
Casilla de Correo 32. Un beso apasionado de su Luisa”.

Después comenzaba la verdadera historia. El ingeniero respondía, Luisa
escribía otra vez, el ingeniero reclamaba un encuentro, Luisa se negaba... Y entre
carta y carta se iban conociendo e interesando cada vez más. Por supuesto, el
encuentro no debía producirse jamas.
Y esta es en verdad una regla de oro de los amantes desconocidos, reales o ficticios.
Toda relación deberá girar alrededor de un encuentro futuro.
Pero es fundamental el no encontrarse nunca.
Las razones se
ven venir: todo amante desconocido es perfecto. Tiene la cara que uno desea. Es,
a nuestro capricho, morocho, rubio o ambas cosas a un tiempo.
El amante desconocido no tiene defectos, no tartamudea, no fastidia con
cosas cotidianas. Pero hay una virtud fundamental: por no ser nadie es también
todas las personas del mundo. Si se comete el desatino de darle una identidad
cierta , el amante desconocido se achica, aunque sea un ángel. Si es alto, ya no
podrá ser petiso. Si es atlético, ya no podrá ser enclenque. Si es Juan, ya no
podrá ser Pedro. Si es Luisa, ya no podrá ser Esther. Por estos mismos motivos,
la Sociedad de Amantes Desconocidos jamas enviaba fotografías aunque si las
reclamaba de sus beneficiarios.
La actividad de estos filántropos tenia por objeto combatir la soledad y la
desdicha. Y cabe señalar que su acción despertaba en los vecinos del barrio un
sano espíritu de emulación. Al conocer la existencia de enamorados secretos,
muchas personas descubrían dentro de si esa misma condición. Y así, junto a los
amantes de ilusión creados por la Sociedad, cundieron los amantes secretos
verdaderos.

En sus buenos tiempos, Manuel Mandeb se carteaba con cuatro amores
misteriosos. El pensador sospechaba que por lo menos dos eran obra de la
Sociedad, mas que nada, por el papel barato de las cartas. Pero sus
investigaciones lo llevaron a comprobar la existencia cierta de las otras dos. Una
de ellas resulto ser una compañera de un curso de guitarra que Mandeb seguía
penosamente. Cuando el hombre se presento ante ella con las cartas en la mano,
la chica rompió a llorar y huyo para siempre. La ultima de las amantes secretas
era - según se supo mucho después - Beatriz Velarde, la piba mas hermosa de
Flores, de quien - a su vez - Mandeb era enamorado secreto en otra colección de
cartas. Pero estaba escrito que Manuel y Beatriz no se amaran nunca. El ingreso
a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humorísticos y malévolos
provoco una serie de catástrofes que marcaron al decadencia de la Sociedad.

Estos profesionales, que perseguían únicamente la diversión personal,
empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas
chuscas. De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de Gracia Vassari se
presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del
pasaje Trieste. Asimismo fueron los culpables de infinidad de divorcios, riñas,
peloteras y toletoles entre los matrimonios mas acrisolados de Flores.
Pero hay que mencionar un fenómeno curioso que les ocurría a casi todos
los miembros de la Sociedad. Conforme avanzaba la correspondencia con los
beneficiarios, muchos guionistas se enamoraban de verdad. La conocida
redactora publicitaria Luz Vasallo se volvió loca de amor por el poeta Jorge Allen,
cuyo caso atenido durante meses. Para evitar estas situaciones, las autoridades
de la entidad resolvieron una rotación de guionistas. Pero el resultado fue
desastroso. Las cartas perdían coherencia y verosimilitud, pues los redactores no
alcanzaban a compenetrarse debidamente en su función. Sobre el final de sus
actividades Amantes Secretos recurrió al teléfono. No fue una experiencia feliz.
El lenguaje telefónico es menos tolerante con la creación artística y - por lo demás -
muchos guionistas soltaban la carcajada en medio de las charlas, provocando
cierta perplejidad en el cliente.

El juego de los Amantes Desconocidos era sin duda apasionante. Pero
aunque admitía procesos mas o menos prolongados, al cabo terminaban por
extinguirse.
Nadie puede resistir mucho tiempo la tentación de conocer. Todos, tarde o
temprano, exigen al consumación del amor epistolar. Y así terminaban todas las
historias. La mayoría de las veces con el silencio y el olvido. En alguna ocasión,
con encuentros mas bien desteñidos.
Ives Castagnino, el músico de Palermo, se encontró una vez con una dama
desconocida que le había enviado cartas durante años. Cuando la vio en la
esquina, se acerco y le dijo: - Buenas noches. Soy el desengaño.

Hoy ya nadie habla de los Amantes Desconocidos de Flores. Pero esta
entidad sin fines de lucro bien puede dejar en nuestro espíritu la sombra de una
idea. ¿Por qué no convertirse uno en Amante Desconocido? ¿Por qué no ayudar
con ilusiones a tantas almas solitarias que andan por la cuadra?
La vida esta poniéndose muy aburrida. Seria maravilloso recibir una
mañana de estas una nota perfumada y llena de besos que viene de no se donde.
Dejo la inquietud a tantos guionistas, redactores, poetas y literatos que malgastan su tiempo jugando al billar.

Alejandro Dolina
Crónicas del Ángel Gris

Carta de amor- Julio Cortázar.


Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
       
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
       
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
       
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
       
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

12 octubre, 2011

La vida es hermosa (disuacidio) Les Luthiers

Entre los personajes trágicos que pueblan la historia y la ficción, tal vez los suicidas sean los que más nos conmueven. Hay que aclarar que, si bien homicida es el que mata a un hombre, regicida el que mata a un rey, la palabra "suicida" no significa, como muchos creen, el que mata a un suizo; no, un suicida es aquel que se quita la vida a "sui" mismo. La mayoría de las religiones condenan el suicidio, pero las leyes no pueden hacerlo, ya que el cuerpo del delito y el del delincuente en este caso son la misma cosa. Sin embargo, las legislaciones anglosajonas consideran delito a la tentativa de suicidio, cuando el suicida ha fracasado; en algunos casos, incluso, han llegado a condenarlo a muerte. Tal vez, la última novedad en este tema, tan antiguo como el hombre, sean los modernos servicios de asistencia a potenciales suicidas, y la música sedante y terapéutica de la Suite La vida es hermosa, que Mastropiero compuso por encargo del CEAS (Centro Estatal de Asistencia al Suicida).
RIIIING... RIIIING... RIIIING... RIIIING... RIIIING... RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING
(Suena una grabación)
Usted se ha comunicado con el Centro Estatal de Asistencia al Suicida; en este momento, todos nuestros operadores están ocupados; mientras espera ser atendido le ofrecemos nuestra música tranquilizante preparada por lo expertos del Centro; espere un poquito más, no cuelgue, no se cuelgue.
Nuestros problemas son solo bobadas,
siempre hay personas más desgraciadas.
La vida los atrapa con una red
y está peor que nosotros,
por ejemplo, usted.
Olvida esas lúgubres ideas
¡va bien, todo va bien!
Olvídate, debes olvidarlo
¡va bien, todo va bien!
Ya lo has olvidado
¡ya no te acuerdas de que ibas a suicidarte!
Toda va bien
¡todo va bien!
Muy bien
¡bien!
Bastante bien,
casi bien...
mal
¿Problemas? A los problemas dígales: ¡no me importa!
Este tiene grandes deudas
No me importa, no me importa.
Este es muy tartamudo.
No me impo-porta, no me impo-porta.
A este su mujer lo engaña.
No me importa, no me importa.
Lo engaña con un barbudo.
¡No me importa!
Muy grande y muy forzudo.
No me importa
Le decimos el cornu...
¡No me importa!
Centro Estatal de Asistencia al Suicida, ¿por qué asunto es?... pero hombre, no se preocupe, ¡la vida es hermosa!... sí, lo escucho... ajá... ajá... ajá... ¡hopa!... pero no se preocupe, hombre, la vida es hermosa, pero si al cabo usted tiene un montón de años por delante para gozar, para ser feliz; dígame, ¿qué edad tiene...? ah, ah, ah... sí, no le quedan tantos... pero yo siempre digo que la vida es hermosa, que la vida merece ser vivida; en cambio la muerte, merece ser "morida"... ¡ja, ja! bien, muy bueno, muchas gracias; ¿el del lorito japonés lo sabe?... Ante todo, según la ordenanza nacional treinta y cuatro veintiséis barra ocho, deberá responder algunas preguntas antes de suicidarse; ¿es la primera vez que se suicida?... ¿motivos del suicidio?... ¿qué no le pagan en su trabajo? ¡ja, ja! no se preocupe, la vida es hermosa, el Estado lo cuida...
Ya me siento mejor
porque me ayudará el Estado;
ya me siento mejor...
¡mejor me siento a esperar sentado!
¿Cuál es su trabajo?... ah, es empleado del Estado... el dinero no le alcanza, ¡no me lo diga a mí!: tampoco me alcanza para nada... oh, lo que pasa es que cuando empecé a trabajar aquí me dijeron que me pagarían de acuerdo a mi capacidad; con esa miseria no me alcanza para nada. Las deudas crecen, tiene razón. No, no sé, qué sé yo; no sé qué voy a hacer; cada vez que pienso en esto le juro que me dan ganas de matarme... ¿cómo que no me ponga así?... ¡usted me dice eso para darme ánimos!... ¡qué va a ser hermosa la vida! ¿quién le dijo esa mentira? Yo fracasé en todo, ni para hacer este trabajo sirvo; el otro día llamó un hombre, solo alcancé a hablar con él por un momento y se suicidó... ¡sí, pero él no quería suicidarse, había llamado equivocado!

Balada del amor imposible
Alejandro Dolina
Los cronistas más serios del barrio del Angel Gris coinciden en destacar la propensión de sus habitantes hacia los amores imposibles.
Así, mientras los jóvenes de otros barrios se enamoran de muchachas groseramente posibles, los hombres de Flores parecen condenados a amar - casi siempre en secreto - a mujeres que no serán para ellos.
Y en honor a estas damas es que los Hombres Sensibles hacen lo que hacen.
Algunos emprenden desde chicos el estudio del violín, únicamente para aprender a tocar un vals en obsequio de su amada. No importa que ella no alcance jamás a oírlo. Ese no es el punto.
Otros indagan los secretos de la versificación y se sumergen en el dolor para lograr una poesía.
Hay quienes se ejercitan en el coraje y cultivan la guapeza. Y no faltan los que eligen la melancolia o la locura.
Piensan los Hombres Sensibles que siendo mejores merecerán ser amados. Y para la ética sentimental de este barrio, los mejores hombres son artistas, valientes, tristes o locos. Por eso los muchachos más virtuosos de Flores sufren por amor. Esta realidad ha despertado la atención de todos y la piedad de muchos. Cada semana, los enamorados de Flores reciben el consejo de sus amigos sabios de otras barriadas.
- ¿Por qué amar a la Gran Marquesa del Norte, que es en realidad un duende? ¿Por qué no conformarse con la hija del yesero?
Son voces tentadoras que exponen las ventajas del amor razonable.
A estas exhortaciones, los Hombres Sensibles responden - no sin acierto - que en el amor no existe el libre albedrío y que nadie puede decidir de quién va a enamorarse.
Sin embargo - ya a riesgo de caer en especulaciones psicológicas fuera de tono - cabe reconocer que los muchachos del Angel Gris tienden a aproximarse sentimentalmente a las mujeres que menos les convienen.
Los tratadistas de Villa del Parque y los Refutadores de Leyendas sostienen que buscar pareja es una tarea enteramente racional y hasta científica.
Vale la pena citar la novela didáctica "Hoy te amo con la cabeza", del profesor Amadeo Battista. Esta obra esconde - apenas - la tesis antedicha, entre los rotosos pliegues de su trama.
Parecidos criterios auspicia la esposa de este pensador, la doctora Alba C. de Battista en su libro "Me casé con un cretino".
Muchos hombres de negocios, comerciaantes e industriales de la zona han entendido que el amor imposible es cosa nefasta, no sólo para el que ama, sino también paa el desarrollo de las actividades productivas en general.
Declaran estos lúcidos mercaderes que, por lo común, los enamorados sin esperanza son pésimos empleados, más atentos al recuerdo de unos ojos pardos que a la correcta realización de una nota de débito.
Tratando de reducir el número de desencuentros amorosos en beneficio de la felicidad general, los Refutadores de Leyendas con la ayuda de dos contadores de la Sociedad de Fomento de Villa Malcolm, prepararon las Tablas del Amor Infalible, especie de regla de cálculo según la cual las medidas del cuerpo del hombre, su coeficiente intelectual, su edad, su educación, fortuna y berretines determinaban de un modo preciso a la mujer más conveniente para sus planes amorosos.
Esto es ni más ni menos que la refutación de una leyenda o - lo que es peor - su reducción a términos científicos. La leyenda es ésta:
"Hay para cada hombre una mujer, una sola, que reúne todas las virtudes que ese hombre sueña. Su belleza está hecha para deslumbrar a ese hombre. Su voz ha sido creada para seducirlo. Su inteligencia, para sucitarle y sugerirle ideas amables. Su ternura, para hacerle dulce el diario sufrimiento. Esa mujer existe y anda por esas calles. Pero el destino ha decidido que nunca jamás se crucen los caminos de ningún hombre con la mujer que para él fue concebida."
Manuel Mandeb asegura en sus Memorias que cierta tarde creyó reconocer a lo lejos a la mujer que le correspondía, conforme a la leyenda. Inmediatamente se trabó en lucha con el destino y trató de alcanzar a la muchacha. Lo consiguió en la esquina de Artigas y Avellaneda. Luego de interceptarle el paso, procedió a explicarle la vieja creencia de los Hombres Sensibles, mientras se secaba el sudor y trataba de recobrar el aliento. Pero la mujer no conocía la leyenda, o tal vez la conocía y la acataba puntualmente: dio media vuelta y se fue por Artigas hacia el norte.
Y ya que mencionamos a Manuel Mandeb, conviene recordar que su ilegible prosa se alzó solitaria frente a los tratados racionalistas y a los inventos de los Refutadores de Leyendas.
El polígrafo de Flores dejó un voluminoso estudio caratulado Registro de amores imposibles en la linea del Sarmiento.
La obra consta de 914 fichas que corresponden a otros tantos casos concretos de amor sin recompensa. Está dividida en cuatro cápitulos:
El primero, subtitulado Nunca le dije nada, es el más extenso y registra episodios protagonizados por enamorados silenciosos.
El segundo, Negativas expone 115 rechazos, sus motivos, sus términos y consecuencias, para no hablar de otros detalles más bien superfluos que suelen recargar toda la obra de Manuel Mandeb.
El tercer cápitulo, Amargo desengaño, cataloga 126 decepciones, incluidas cuatro padecidas por el propio autor.
El cuarto y último cápitulo es un inspirado texto romántico que se conoce como Elogio del amor inconcluso. Veamos este párrafo:
"...Así como las personas que mueren en la plenitud nos ahorran el recuerdo de su vejez, los amores interrupidos abruptamente siguen siguen viviendo en nuestro corazón no como brasas agonizantes, sino como horrorosas llamas que queman cada noche...
"...No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre pasión."
Pero dejemos ya a Manuel Mandeb y reflexionemos sobre ese delicado asunto. Es cierto que infinidad de personas decentes viven la módica dicha del amor común y corriente.
Pero el amor imposible, aquél del cual solamente son capaces los Hombres Sensibles de Flores, es el único cabalmente maravilloso y digno de admiración.
Ocurre así: un muchacho se enamora de la Mujer Más Hermosa.
Desde ese momento, su vida no tiene otro sentido que ese amor.
Sin embargo, el hombre sabe que no tiene chance en esa carrera, pues las Mujeres Más Hermosas suelen casarse con otros caballeros, generalmente ricos o buenos mozos o ambas cosas.
Sus buenos amigos le aconsejarán el olvido, pero este hombre ha nacido en Flores y no tiene la menor intención de gambetear el dolor.
Y cada día deja mansamente que la tristeza le invada los huesos y que tiña hasta el último de sus pensamientos.
A veces, las distracciones y los mundanos asuntos amenazarán con hacerle olvidar siquiera por un momento su amor y pesadumbre. Pero el hombre reaccionará inmediatamente y se sumergirá otra vez en su propio abismo.
Que nadie se engañe. Este hombre que ríe a carcajadas cuando algún conocido le refiere el cuento de los supositorios, está pensando en su amor imposible.
Y la sangre que hincha sus venas es negra y espesa.
Pero, atención. Este amor que lo hace desgraciado es el que le hace mejor. El ya ha renunciado a la Mujer Más Hermosa. Jamás padecerá decepciones. Su pasión no envejecerá ni se envilecerá. Nadie podrá engañarlo.
Y a fuerza de bañarse cada día en el sufrimiento, habrá aprendido el secreto de la resignación.
Los caballeros exitosos no conocerán jamás la verdadera escencia del amor imposible. Ellos jamás juegan su vida a una sola baraja. Con toda prudencia realizan inversiones en uno y otro lugar para compensar con unas las pérdidas ocasionadas por otras.
Pero el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes.
Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo.
Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa.
Por eso, señores, si acaso atesoran ustedes uno de estos metejones locos, a no arrepentirse. Sigan soñando y esperando lo imposible. Aunque sepamos que nuestras ilusiones no habrán de cumplirse nunca, sigamos acariciándolas. Lo contrario sería - como pensaba Wimpy - confundir una ilusión con un pagaré.
Será una larga jornada. Muchas veces tendremos ganas de contar nuestra pena, pero no podremos hacerlo, para no profanarla. Siempre estaremos solos y tristes, pero no es para tanto. Después de todo, ya se sabe que los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.

Táctica y estrategia de las escondidas
Alejandro Dolina
No se sabe muy bien cuáles eran los verdaderos fines de la Sociedad Amigos de la Escondida, En cambio está bien claro que tales fines no se cumplieron.
Sin embargo, hace ya algunos años, la entidad solventó la edición de un pequeño folleto titulado Reglamentos, táctica y estrategia del juego de la escondida. En su momento, el trabajo despertó agudas controversias.
Hoy que los ánimos están amansados hemos querido exponer el asunto ante nuestros lectores, quienes seguramente ignoran la mayor parte de los detalles de este juego en vías de extinción.

-CAPITULO I- del número de los jugadores

Puede jugar a la escondida un número cualquiera de jugadores. El mínimo es uno. Cabe señalar que en este caso el juego es especialmente aburrido: el único jugador se busca a sí mismo o -lo que es aún más tedioso- busca a otros inexistentes jugadores hasta que se desalienta y abandona.
Con dos participantes se gana un poco en acción y puede decirse que el clima ideal se logra cuando intervienen más de seis y menos de veinte personas.
Asimismo cabe advertir que resulta sumamente engorroso desarrollar el juego con mas de ochenta jugadores. Los buscadores equivocan los nombres de quienes se ocultan y con toda frecuencia se ven obligados a llevar un registro escrito en el que constan las personas que ya han sido descubiertos y las que aún permanecen en lugares desconocidos. Por otra parte, es fácil razonar que cuanto mayor es el número de jugadores, más trabajoso será hallar escondites vacantes, con el consiguiente deslucimiento del juego.

-CAPITULO II- el lugar donde se juega

La escondida puede practicarse tanto en lugares abiertos como en recintos cerrados. Siempre es preferible elegir horarios nocturnos, pues las tinieblas suelen mejorar la calidad de los escondrijos.
Así, cuando se juega en casas o departamentos, convendrá activar las luces, Aquí se hace indispensable tiene aclaración fundamental: es necesario que antes de comenzar el juego se fijen expresamente 1os limites geográficos de su extensión. Fuera de ellos estará prohibido esconderse.
Algunos heresiarcas pasan por alto esta acotación y nos hallamos entonces ante un juego cuyo marco es el mundo entero. Es así como muchos jugadores se esconden en barrios alejados y aun en otras provincias, retrasando el desenlace de la competencia hasta él punto de arruinarla por completo.
Nota: el folleto no menciona la interesante opinión de Manuel Mandeb, quien creyó entender que la escondida era un juego sin limites. Para el pensador árabe la escondida perfecta debía ser jugada por toda la estirpe humana,su escenario era el universo y su duración, la eternidad. Así, el propósito final de la Historia puede consistir en el nacimiento de un futuro elegido,que se encargar de librar para todos los compañeros en un acto que marcará el fin de los tiempos.

-CAPITULO III- finalización del juego

La escondida no tiene ganadores ni perdedores. Por eso la finalización del juego debe fijarse en forma arbitraria, pero manifiesta. Muchas veces los jugadores abandonan la competencia sin avisar a nadie y muchos participantes tenaces permanecen ocultos durante horas sin que nadie se moleste en buscarlos.
Los miembros de esta Sociedad conocen perfectamente algunos casos célebres de obstinación. Vale la pena mencionar la gesta del joven Luis C. Cattaldi, que permaneció catorce meses en el quicio de una puerta de la calle Motón, cogoteando sigilosamente en dirección a la Piedra. Los habitantes de la casa solían llevárselo por delante cuando salían y -a veces- le acercaban algún alimento, finalmente Cattaldi regresó a su domicilio, gracias a los consejos de una comisión de ésta misma Sociedad.

-CAPITULO IV- desarrollo del juego

La idea fundamental de la escondida es que todos los jugadores se oculten, con la excepción de uno, que ser el encargado de buscar al resto.
Para dar tiempo a la elección de escondite y a la correcta instalación de cada uno en el suyo, el buscador escondiera el rostro contra la pared, como si llorara, y permanecerá en esta posición durante algunos segundos, La medición de este lapso, la efectuará el propio buscador citando la serie de números naturales en voz alta, hasta llegar a una cifra convenida con antelación (por ejemplo, 50). Acto seguido, a modo de advertencia, deber declamar algún pareado revelador. El usual es "Punto y coma el que no se escondió se embroma". El lugar donde el buscador realiza este ritual se conoce con el nombre de "Piedra". Inmediatamente comienza la parte más divertida. El buscador recorre el campo de juego y revisa los lugares en donde sospecha que hay alguien. Cuando descubre a algún jugador oculto sale corriendo en dirección a la Piedra, la toca y grita "Piedra libre para Fulano" Siempre deberá referirse a la persona descubierta de un modo tal que su identidad quede fuera de toda duda. Este punto es muy importante, como ya veremos en otro capitulo.
A su turno, el jugador descubierto puede abandonar su refugio y correr hacia la Piedra tratando de tocarla antes que el buscador. Si lo consigue, será el quien grite "Piedra libre" y a los efectos del juego se reputará que no ha sido hallado.
Por otra parte, todos los jugadores pueden abandonar repentinamente su escondite y llegarse hasta la Piedra, aun cuando no hayan sido descubiertos. Pero si el buscador los sorprende en su excursión y se les adelanta en la carrera hacia la Piedra, se les considerará encontrados.
El primero de los jugadores que pierda la carrera hacia la Piedra recibirá como castigo- la obligación de contar en el lance siguiente. Sin embargo, hay un recurso extremo: el último de los jugadores que permanezca escondido puede aventajar al buscador y gritar "Piedra libre para todos mis compañeros".
Cuando esto ocurre, el buscador deberá contar nuevamente.
Desde luego, ya puede colegirse que el participante capaz de culminar exitosamente esta jugada recibirá la admiración y el respeto de todos.

-CAPITULO V- Distintas tácticas

Existen buscadores conservadores y buscadores audaces.
Los primeros no se alejan jamás de la Piedra. Tratan, por lo general, de esperar que alguien cometa un error o trate de cambiar de escondite. Esta raza conspira contra la calidad del juego.
En cambio el buscador audaz abandona las inmediaciones de la Piedra y marcha hacia los confines del campo. Se trepa a los árboles, ingresa a los armarios y rastrea minuciosamente los yuyales. Claro, siempre corre el riesgo de ser sorprendido por los jugadores que se han ocultado en la zona opuesta, Pero el juego se torna vivaz y lleno de matices. Abundan las carreras, los rodeos y las sorpresas.
Existen también los buscadores zorros, que amagan dirigirse a la derecha para tentar a quienes se esconden por la izquierda. En cierto momento, salen disparados hacia el otro sector y así es como sorprenden a muchos jugadores novatos que abandonan prematuramente su refugio.
Entre los que se esconden, también hay distintas escuelas. Algunos prefieren los escondites sencillos pero de fácil salida, como los umbrales de las puertas. Otros los eligen complicados y de salida engorrosa: la copa de los árboles, el fondo del canasto de la ropa, etc, Hay también quienes van rotando su escondite y cambian de posición mientras observan los movimientos del buscador.
Los mejores son los exquisitos, que inventan guaridas que sólo ellos conocen y no las revelan jamás. Esta clase de jugadores es la más temida por los que cuentan, pues muy a menudo libran para todos los compañeros.
Sin embargo, el escondite no debe ser nunca impenetrable. A decir verdad, el escondite perfecto termina con el juego.
En 1959, en una escondida que se realizó en Villa del Parque, el abogado Gerardo Joseph se escondió de un modo tan eficaz, que nunca más fue visto en ninguna parte. Todavía hoy muchos de sus amigos recorren la barriada gritándole que salga.
Un exitoso cuento de Edgar Allan Poe insinúa que el mejor escondite es aquél que está a la vista de todos. En esa narración, todo el mundo busca infructuosamente una carta que en realidad había permanecido siempre a la vista.
Esta teoría podría ser buena para los cuentos policiales, pero no sirve en la escondida. Infinidad de jugadores han pretendido pasarse de vivos parándose a un metro de la Piedra con cara de disimulo. El resultado siempre es el mismo: el buscador mira extrañado y luego, casi con estupor, murmura: "Piedra libre para el Pololo, que está ahí parado".

-CAPÍTULO VI- infracciones, errores y malentendidos

Puede ocurrir que el buscador descubra a un jugador oculto, pero equivoque su identidad. Esto es muy frecuente en los juegos nocturnos, ­Cuántas veces se grita "Piedra libre para la Amanda": después de haber visto a Julián!
El reglamento le permite a Julián denunciar el error al grito de ­ ¡Sangre!
Esta expresión debe traducirse como ­Reclamo! o, mejor aún, ­¡Objeción!
Si la gestión prospera y se comprueba la equivocación, el buscador
deberá contar nuevamente.
El mismo recurso podrá interponerse cuando se sospeche que el buscador espía o cuando se produce algún hecho exterior que dificulta la normal prosecución del juego. (Por ejemplo, una grave lesión de uno de los jugadores o la súbita llegada de un tío al que hay que saludar.

-CAPITULO VII- escondites individuales y colectivos

Muchos deportistas prefieren esconderse solos. Otros, en cambio, se complacen en compartir su refugio, particularmente con personas del sexo opuesto.
Esta última variante es muy bien vista en los círculos elegantes y constituye una excelente oportunidad para acrisolar amistades y hasta para sellar romances.
Lo más apropiado es elegir un escondite alejado de la Piedra. El lugar debe ser pequeño para lograr una proximidad alentadora, oscuro para invitar a la confidencia y hermético para evitar ser sorprendidos.

Manuel Mandeb refiere una experiencia personal en su libro Mis amores frustrados. Veamos:
"En tres años de jugar juntos a la escondida jamás había tenido la ocación de compartir un lugar con Beatriz Velarde. Siempre había alguien que se me adelantaba. Al parecer, Beatriz tenía comprometidos sus escondites por varios años.
Una noche de primavera, en el callejón de la Estación Flores, mientras contaba el ruso Salzman, vi que Beatriz entraba solita a la casa amarilla abandonada que hay en una esquina. Piqué tras ella y alcanzamos a acomodarnos debajo de un fogón en ruinas.
Estaba muy oscuro y alcancé a notar su aliento de chiclets Adams . Los arrabales de su pelo saludaban mi boca .
-Te quiero -le dije suavemente.
-Decímelo mejor contestó Beatriz Velarde.
Empecé a pensar algo ingenioso, cuando entró el ruso Salzman y brutalmente señaló el final de mi romance.
-Piedra libre para el Turco y Beatriz
-Sangre, sangre grité yo y era cierto, aunque no me lo creyeron.
Nunca más volví a estar a solas con Beatriz y aquella fue la última vez que
jugué a la escondida. "

El folleto de la Sociedad Amigos de la Escondida tiene algunos otros capítulos de menor interés: las ropas más convenientes, uso y abuso de los ligustros, aprovechamiento de carros en marcha, ocultamiento en medio de un familión en transito, etc.
En estos días en que la Sociedad ya se ha disuelto y los chicos prefieren otros entretenimientos más científicos, no está de más recomendar calurosamente la práctica de la escondida. Este humilde cronista hace mucho tiempo que no encuentra ocasión de mostrar su destreza en tan apasionante disciplina.
Si algún lector piadoso desea invitarme a jugar, acepto complacido.
Aunque me parece que ya es demasiado tarde.

Historias de amor
Alejandro Dolina
El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor.
Los Hombres Sensibles de Flores tomaban ese rumbo cuando querían explicar el cosmos. Y hasta los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas, que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma cosa.
Especialmente en el barrio del Ángel Gris, que es también el barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo. Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados.
Por eso los poetas de Flores buscaban el desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto. Casi todos quedaban en la mitad del camino.
Manuel Mandeb veía las cosas de un modo mas complicado. Admitía que la pena de amor conducía al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado.
Así parecía opinar Ives Castagnino, el músico de Palermo, quien componía valses melancólicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que mas tarde le servían para deslumbrar señoritas nuevas y así recomenzaba el circulo.
Algunos muchachos sin vocación artística trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsión. Los autores de aforismos extrajeron de estas realidades una conclusión modesta: si no fuera por el amor, nadie haría gran cosa.
Las muchachas beligerantes podían objetar que estos pensamientos parecen reservados a la conducta masculina. Al respecto, Mandeb creía que las mujeres hacían de ellas mismas un hecho artístico.

El polígrafo de Flores, en un rapto de arbitrariedad, llego a establecer un orden de cualidades, según su eficacia para enamorar. Coloco en primer lugar la belleza y luego la juventud, aclarando que estas dos virtudes son tal vez una sola. Después ubico las condiciones espirituales: inteligencia y bondad. En último termino, el poder y el dinero. Muchedumbres de feos de cierta edad polemizaron con Mandeb reclamando el derecho a ser amados por su limpieza, trayectoria comercial o apellido ilustre. De todos modos, para este oscuro pensador, el amor era una flor exótica cuyo hallazgo ocurría muy pocas veces.

- De cada mil personas que pasen por esa puerta -decía- acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quizá solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millón. No esta tan mal, después de todo.

Pero dejemos la pura especulación de los espíritus obtusos de Flores. Mucho mas interesante es saber como amaron realmente. Para ellos habremos de transcribir algunas historias que presumen de veraces y que han llegado hasta nosotros por avenidas literarias o por oscuros atajos confidenciales.

Historia del que esperó siete años


Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
Según supo después, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió abandonarlo.
- No te quiero mas - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplico, se humillo, escribió versos horrorosos y lloro en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverandose con un deportista reluciente.
El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez mas sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Mas tarde supo que jamas habría en su vida algo mejor que aquel amor imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lagrimas le corrían por el escote cuando le confeso al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas. El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo. Nunca mas volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca mas, nunca mas volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.

Historia del que se enamoró de una niña demasiado joven


Manuel Mandeb supo tener amores con una niña muy joven de la calle Páez. La muchacha no hizo cuestión por la diferencia de edades y ademas es cierto que Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de su sombrío estilo.
Pero pronto empezaron las dificultades.
Un día Mandeb insistió en caminar bajo un aguacero mientras recitaba a los gritos un soneto flamante.
Una noche le hizo el amor en la casa embrujada de la calle Campana para espantar a los demonios.
A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la niña, en el tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.
Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino del recuerdo.
En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le ponía alguna de sus gastadas camisas azules.
Para su cumpleaños le regalo una sombra robada en Villa del Parque que había encerrado en una cajita de cristal.
Después enseño a todos los pájaros de Flores a cantar el nombre de la muchacha en su ventana.
Entonces la niña abandono a Mandeb y comento luego a sus amistades en una pizzería:
-No éramos de la misma generación.

Historia del que se desgració en el tren


Jaime Gorriti tomaba todos los días el tren de las 14.35.
Y todos los días se fijaba en una estudiante morocha. Con prudente astucia trataba de ubicarse cerca de ella y -a veces- ligaba una mirada prometedora.
Una tarde empezó a saludarla. Y algunos días después tuvo ocasión de hacerse ver, ayudandola a recoger unos libros desbarrancados.
Por fin, un asiento desocupado les permitió sentarse juntos y conversar. Gorriti aceleró y le hizo conocer sus destrezas de picaflor aficionado. No andaba mal. La morocha conocía el juego y colaboraba con retruques adecuados.
Sin embargo, los demonios decidieron intervenir.
Saliendo de Haedo, la chica trato de abrir la ventanilla y no pudo. Con festo mundano, Gorriti copo la banca.
- Por favor....
Se prendió de las manijas, tiro hacia arriba con toda su fuerza y se desgració con un estruendo irreparable.
Sin decir palabra, se fue pasillo adelante y se largo del tren en Morón. Desde ese día empezó a tomar el tren de las 14.10.

Historia del que padecía los dos males


En la calle Caracas vivía un hombre que amaba a una rubia.
Pero ella lo despreciaba enteramente.
Unas cuadras mas abajo dos morochas se morían por el hombre y se le ofrecían ante su puerta. El las rechazaba honestamente.
El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y se amados por quien no podemos amar.
El hombre de la calle Caracas padeció ambas desgracias al mismo tiempo y murió una mañana ante el llanto de las morochas y la indiferencia de la rubia.

Historia del que no podía olvidar


El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solía dejarlas al poco tiempo. Sin embargo jamas se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela.
Y también las novias que nunca tuvo: la que no lo quiso, la que vio una sola vez en el puerto, la que le vendió un par de zapatos, la que desapareció en un zaguán antes de cruzarse con el.
Después Salzman lloraba por las novias futuras que aun no habían llegado. Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendían que estaba poseído del mas sagrado berretin cósmico: el hombre quería vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una. Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la lotería......

La calle de las novias perdidas


Hay una calle en Flores en la que viven todas las novias abandonadas.
Al atardecer salen a la vereda y miran ansiosas hacia las esquinas para ver si vuelven los novios que se fueron. A veces conversan entre ellas y rememoran viejos paseos por el Rosedal.
Por las noches se encierran a releer cartas viejas que guardan en cajitas primorosas o admirar fotografías grises.
Los domingos se ponen vestidos floreados y se pintan los labios. Algunas escriben diarios íntimos con letra prolija.
Dicen que no es posible encontrar esa calle. Pero se sabe que algún día desembocara en la esquina el batallón de los novios vencedores de la muerte para rescatar a las novias perdidas y llevarlas de paseo al Rosedal.
Esto será dentro de mucho tiempo, cuando endulce sus cuerdas el pájaro cantor.


Existen por ahí infinidad de personas confiables que juran que el amor es posible en todos los barrios. No habrá de discutirse semejante tesis. Pero el que tuviera que vivir pasiones locas, es mejor que no pierda el tiempo en rumbos equivocados. Una historia terrible esta esperando en Flores.

Conspiración de las mujeres hermosas- Alejandro Dolina



Cuando Jorge Allen, el poeta, se cruzaba con alguna mujer hermosa, caia en el mas hondo desasosiego.
Esta muchacha no sera para mi -pensaba mientras la veia doblar para siempre la esquina.
Es que cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretara nunca. Y ya se sabe que los hombres de corazon sueñan con vivir todas las vidas.
En ocasiones especiales, Allen usurpaba el tranco de las mas buenas mozas para decirles algo.
- Vea: si no me conoce, no podra usted darse el lujo de olvidarme.
Pero casi siempre ocurria lo mismo. Las pibas de Flores no mostraban el menor interes en olvidar o recordar al poeta.
Cabe ahora mismo salir al paso de la suspicacia general, aclarando que Allen era un joven de grata y recia figura. Ademas era muy versado en amorosas cuestiones. En verdad, casi no se ocupaba de otra cosa.
Una tarde, envenenado por la fria mmirada de una morocha en la calle Bacacay, el hombre tuvo una inspiracion: sospecho que la indiferencia de las hembras mas notables no era casual. Adivino una intencion comun en todas ellas. Y decidio que tenia que existir una conjura , una conspiracion. El la llamo La Conspiracion de las Mujeres Hermosas.
Allen nunca fue un sujeto de pensamientos ordenados. Pero su idea intereso muchisimo a las personas mas reflexivas del barrio de Flores. El primer fruto que se recuerda de estas inquietudes fue la memorable conferencia en el cine San Martin pronunciada por el poligrafo Manuel Mandeb.
Su titulo fue "De las mujeres mejor no hay que hablar" vale la pena transcribir algunos parrrafos conservados en la dudosa memoria de supuestos asistentes.
"...Nadie puede negar el poder diabolico de la belleza. Se trata en realidad de una fuerza mucho mas irresistible que la del dinero o la prepotencia. Cualquiera puede despreciar a quien lo sojuzga mediante el soborno o el temor. Por el contrario uno no tiene mas remedio que amar a quien le impone humillaciones en virtud de su encanto. Y esta es una tragica paradoja.
"...Las mujeres hermosas de este barrio conocen perfectamente la calidad de sus armas y las utilizan con el unico fin de provocar el sufrimiento de los hombres sensibles. Ostentan su belleza y sin embargo no permiten que uno la disfrute. Cuentan dinero delante de los pobres. Esta perversa conducta no puede ser inconsciente. Obedece, sin duda a un plan minuciosamente pensado.
"...Cada vez que me acerco a una señorita para presentarle mi respeto. no recibo otra cosa que gestos de desagrado, gambetas ampulosas y aun amenazas de escandalo. Ya no se puede ceder el paso a una dama sin que se sospeche que esta por permitido perpetrarse una violacion."
Desde la cuarta fila, un grupo de colegialas le retruco al conferenciante, llamando su atencion acerca del comportamiento de los conductores de camionetas. Opinaban las niñas que estos profesionales, mas que requerirlas de amores parecian proponerse insultarlas.
Este que escribe opina que la objecion es interesante. Con toda frecuencia se ven por las calles individuos que lejos de postularse como admiradores de las señoritas que se les cruzan, proceden a agraviarlas con frases puercas.
Aqui surge un tema polemico. En que consiste el piropo? Cual es su objeto y escencia?
Algunos sostienen que se trata de un genero artistico: Un hombre ve a una mujer, se inspira y suelta parrafos. No existe la esperanza de una
recompensa, basta con la satisfaccion de haber cumplido con los duendes interiores.
Si este es el criterio corecto, la actitud de los conductores de camionetas es perfectamente comprensible. Ta vez quepan reparos de indole academica. Se puede opinar que es artisticamente superior un madrigal que un manotazo, pero ambas expresiones se encuadran rigurosamente en la definicion que se ha sugerido anteriormente.
Otra corriente -menos desinteresada- piensa que todo piropo manifiesta la intencion de comenzar un romance. Vale decir que se espera de la dama que lo recibe una respuesta alentadora.
Dificil sera -por cierto- que alguien obtenga una sonrisa a cambio de uan groseria. El asunto es apasionante y fue desarrollado por el propio Mandeb, mucho despues, en un libro que se llamo "La objecion de las colegialas", titulo que desperto un equivocado entusiasmo entre los conductores de camionetas.
Pero volvamos a la conferencia.
Manuel Mandeb presento durante su exposicion a un italiano y a un brasilero, quienes -dificultosamente- expresaron que, en sus paises, los idilios se concertaban en forma rapida entre personas desconocidas y que muchas veces bastaba con leves gestos para entenderse bien.
Curiosamente, el propio conferencista desautorizo a sus invitados.
"...Esta muy bien reclamar la tolerancia de las señoritas. Pero todo amorio debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo."
La conferencia termino en un tumulto. Varias conspiradoras asistentes empezaron a quejarse de recibir propuestas indecorosas de los caballeros vecinos. Probablemente se trataba de conductores de camionetas.
Los Refutadores de Leyendas hicieron oir su voz algunos dias mas tarde. En una de sus habituales reuniones manifestaron que no creian en la posibilidad de la conspiracion. El argumento de los racionalistas merece consideracion: segun ellos las mujeres hermosas se odian entre si y es inconcebible cualquier tipo de acuerdo. Declararon tambien que es falso que esta estirpe no haga caso de lso hombres: todos los dias uno ve hermosas muchachas acompañadas por algun señor.
Ya en el colmo de la locura, los Hombres Sensibles contestaron que alli estaba el punto: el señor que acompaña a las mujeres hermosas es siempre otro y esto provoca aun mas tristeza que cuando uno las ve solas. No seria extraño que estas damas y sus acompañanates no fueran sino incubos y sucubos que recorren el mundo para der dique a las almas sencillas.
Ives Castagnino, el musico de Palermo, razonaba de este modo: si el proposito de las mujeres terribles es hacer sufrir a los hombres, tienen dos maneras de lograrlo:
1) No viviendo un romance con ellos.
2) Viviendolo.
Segun parece, al musico lo aterrorizaba mucho mas la segunda posibilidad.
Como puede suponerse, las muujeres hermosas consultadas negaron siempre la existencia de la conjura,.De cualquier modo, hay que reconocer que la encuesta no fue demasiado amplia. En primer lugar, las señoritas entrevistadas desconfiaban de los encuestadores y pensaban -con toda razon- que trataban de seducirlas. Y por otra parte resulta una verdadera ingenuidad que, quienes son capaces de una gesta tan oscura, se presten a revelar el secreto precisamente a sus victimas.
Como suele ocurrir en estos casos, el tema de discusion se bifurco innumerables veces y tomo el rumbo de los tomates.
Hubo quienes pidieron que se aclararan los limites de la hermosura para saber cabalmente quienes eran las mujeres que alcanzaban esa categoria.
La cuestion es ardua, como todo juicio estetico. Se pueden tener en cuenta -quiza- algunos indicios. Se dice que si una dama es muy linda, las demas la tendran por tonta. Pero no puede tomarse este lugar comun como precepto, pues es cosa evidente que existen mujeres que, siendo tontas, son al mismo tiempo feas. Inclusive hay gente que sostiene haber conocido señoritas hermosas e inteligentes, lo cual para mi gusto es demasiado.
El asunto se torna todavia mas complejo a causa de la accion de los Agrandadores de Loros, unos caballeros mas bien babosos que con halagos y falsedades consiguen que ciertos bagayos se crean la reina del corso. Asi, los hombres de corazon llegan a padecer la violencia de verse rechazados por damas que jamas pensaron seducir. La tarea de los Agrandadores ha ido muy lejos y ha llegado incluso a las tapas de las revistas y avisos de publicidad, donde se proponen a la admiracion de la gente de toda clase de pescados con disfraz de Colombina.
Pero los Hombres Sensibles siempre supieron cuando se hallaban ante la presencia de una mujer hermosa. Sentian lo que Mandeb describia como una patada en el corazon. Y no se equivocaban nunca.
A decir verdad, jamas se alcanzaron a reunir pruebas convincentes sobre la existencia de la conspiracion. Pero sus efectos se siguieron padeciendo.
Pese a todo, Allen, Mandeb y todos sus amigos siguieron recorriendo las esquinas haciendo fuerza para creer que detras de alguna puerta iba a aparecer la mujer que les salvaria la vida.
Por suerte para los muchachos, hubo siempre entre las dilas conjuradas algunas Traidoras Adorables.
Naturalmente todoa traicion tiene su precio y muchas veces la exigencia era el amor eterno. Los Hombres de Flores pagaban una y otra vez este arancel
La denuncia de Jorge Allen ya ha sido olvidada en el barrio del Angel Gris. Pero aunque nadie converse sobre el asunto, basta con asomarse a la puerta para comprobar que las cosas siguen como entonces.
Alli estan las mujeres hermosas en Flores y en toda la ciudad, gritando con sus miradas de hielo que no estan en nuestro futuro ni en nuestro pasado.
Alli esta la abominable secta de las Chicas con Novio, poniendonos ante la espantosa verdad de que siempre hay un hombre mejor que uno.
El camino para derrotar a esta moralla es largo y penoso, pero seguirlo es deber de los criollos arremetedores.
No hay mas remedio que quererlas a pesar de todo. Y mas todavia, tratar de que a uno lo quieran. Esta segunda labor es especialmente complicada y puede llevar la vida eterna. Consiste -por ejemplo- en ser bueno, aprender a tocar el piano, convertirse en heroe o en santo, estudiar las ciencias, comprarse una tricota nueva, lavarse los dientes, ser considerado y tierno y renunciar a los empleos nacionales.
Una vez hecho todo esto, ya puede el hombre enamorado, pararse en la calle y esperar el paso de la primera mujer hermosa para decirle bien fuerte:
-He sufrido mucho nada mas que para saber su nombre.
Seguramente ., la tipa fingira no haber oido, mirara al horizonte y seguira su camino.
Pero sera injusto.