- Quiero saber dónde debo ir. No quiero estar sin poder crecer. Aprendiendo las lecciones para ser. -

01 febrero, 2012


Me gusta. No me gusta.

Me gusta desarrollar mi conciencia, 
para comprender por qué estoy vivo, qué es mi cuerpo
y qué debo hacer para cooperar con los designios del universo.
No me gusta la gente que acumula datos inútiles 
y se crea conductas inútiles y postizas
plagiadas de personalidades importantes. 
Me gusta respetar a los otros, 
no por las desviaciones narcisistas de su personalidad, 
sino por su desarrollo interno.
No me gusta la gente cuya mente no sabe descansar en silencio, 
cuyo corazón critica a los otros sin cesar, 
cuyo sexo vive insatisfecho, cuyo cuerpo se intoxica, 
sin saber agradecer estar vivo, 
cada segundo de vida es un regalo sublime.
Me gusta envejecer porque el tiempo disuelve 
lo superfluo y conserva lo esencial.
No me gusta la gente que por amarras infantiles 
a mentiras las convierten en supersticiones.
No me gusta que haya un papa que predica
sin compartir su alma con una papisa.
No me gusta que la religión esté en manos de hombres 
que desprecian a las mujeres.
Me gusta colaborar y no competir.
Me gusta descubrir en cada ser esa joya eterna 
que podríamos llamar dios interior.
No me gusta el arte que diviniza el ombligo de quien lo practica. 
Me gusta el arte que sirve para sanar. 
No me gustan los tontos graves. 
Me gusta todo aquello que provoca la risa. 
Me gusta enfrentar voluntariamente mi sufrimiento
con el objeto de expandir mi conciencia.


Alejandro Jodorowsky

Me sirve y no me sirve.



La esperanza tan dulce tan pulida tan triste,
la promesa tan leve no me sirve. 

No me sirve tan mansa la esperanza, 
la rabia tan sumisa tan débil tan humilde.
El furor tan prudente no me sirve, 

no me sirve tan sabia tanta rabia, 
el grito tan exacto si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro, no me sirve. 

No me sirve tan bueno tanto trueno 
el coraje tan dócil, la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta, no me sirve. 

No me sirve tan fría la osadía, 
sí me sirve la vida que es vida hasta morirse
el corazón alerta sí me sirve, 

me sirve cuando avanza la confianza 
me sirve tu mirada que es generosa y firme
y tu silencio franco sí me sirve. 

Me sirve la medida de tu vida 
me sirve tu futuro que es un presente libre
y tu lucha de siempre sí me sirve. 

Me sirve tu batalla sin medalla 
me sirve la modestia de tu orgullo posible
y tu mano segura sí me sirve. 

Me sirve tu sendero compañero.

Mario Benedetti.

Es tan poco

Lo que conoces
es tan poco 

lo que conoces de mí
lo que conoces son mis nubes
son mis silencios 

son mis gestos
lo que conoces de mí
lo que conoces es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos 

de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.

Pero no sabes nada
a lo sumo piensas a veces
que es tan poco 

lo que conozco
lo que conozco de ti
lo que conozco 

o sea tus nubes
o tus silencios o tus gestos
lo que conozco es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza.
Pero no llamas.
Pero no llamo.

Benedetti.
Insomnios como túneles para probar 
la inconsistencia de toda realidad

Libertad.



Sobre mis cuadernos de colegial
sobre el pupitre y los árboles
sobre la arena sobre la nieve
escribo tu nombre.


Sobre todas las páginas leídas
sobre todas las páginas en blanco
piedra, sangre, papel o ceniza
escribo tu nombre.

Sobre las imágenes doradas
sobre las armas de los belicosos
sobre la corona de reyes
escribo tu nombre. 


Sobre la selva y el desierto
sobre los nidos sobre las retamas
sobre el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

Sobre las maravillas de las noches
sobre el pan blanco de los días
sobre las temporadas desposadas
escribo tu nombre.
Sobre todos mis trapos de azul
sobre el estanque sol enmohecido
sobre el lago luna viva
escribo tu nombre.

Sobre los campos y en el horizonte
sobre las alas de los pájaros
y sobre el molino de las sombras
escribo tu nombre. 


Sobre cada soplo de aurora
sobre el mar en los barcos
sobre la montaña lunática
escribo tu nombre. 


Sobre la espuma de las nubes
sobre los sudores de la tormenta
sobre la lluvia gruesa e insípida
escribo tu nombre.

Sobre las formas que centellean
sobre las campanas de los colores
sobre la verdad física
escribo tu nombre.


Sobre las sendas despertadas
sobre las carreteras desplegadas
sobre los lugares que desbordan
escribo tu nombre.

Sobre la lámpara que se enciende
sobre la lámpara que se apaga
sobre mis casas reunidas
escribo tu nombre.

Sobre el fruto cortado en dos,
espejo y mi habitación
sobre mi cama vacía
escribo tu nombre.

Sobre mi perro codicioso y tierno
sobre sus orejas elaboradas
sobre su pierna torpe
escribo tu nombre.

Sobre el trampolín de mi puerta
sobre los objetos familiares
sobre el mar del fuego bendito
escribo tu nombre.

Sobre toda carne concedida
sobre la frente de mis amigos
sobre cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

Sobre el cristal de las sorpresas
sobre los labios atentos
bien sobre el silencio
escribo tu nombre.

Sobre mis refugios destruidos
sobre mis faros aplastados
sobre las paredes de mi problema
escribo tu nombre.


Sobre la ausencia sin deseos
sobre la soledad desnuda
sobre las marchas de la muerte
escribo tu nombre.


Sobre la salud vuelta de nuevo
sobre el riesgo desaparecido
sobre la esperanza sin recuerdos
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
reinicio mi vida.
Nací para conocerte
para nombrarte: Libertad.

Paul Éluard.

Borges o el destino de escribir


No puedo no escribir, sin ese peculiar sentimiento de desventura que enganchan la cobardía y la deslealtad. Me creo mejor razonador, mejor inventor, que otros escritores; sé que casi todos escriben mejor que yo, que a casi todos los asiste una espontánea y casi negligente facilidad que me está vedada y que no lograré ni por la meditación ni por el trabajo ni por la indiferencia ni por el magnífico azar. Escribo, sin embargo, porque para mí no hay otro destino.



Borges.

De un audio de Jorge Lanata.

¿Encontraré a la Maga? Hiciste con nosotros algo que no se hace, nos mostraste la mujer ideal. Después de eso todos buscamos a la Maga en Paris o en Sarandieu, haciendo huevos fritos, escuchando a Charlie Parker, haciendo el amor en una cama rodeada de libros, plumas de gallina, un perro, ollas sucias, decenas de vasos con puchos apagados, un tratado sin abrir de Masters y Jonhson.
¿Encontraré a la Maga? Vos nos dijiste Julio que podíamos encontrarla, no buscarla, que la Maga iba a aparecer sin necesidad de una cita, que la misteriosa ecología de la ciudad iba a juntarnos. Por tu culpa, Julio, las parejas salen separadas a encontrarse, la ciudad está cubierta de personas con aire desconcentrado que cabecean como un boxeador después de un golpe, que espían en las esquinas buscándola a Ella...
Te metiste en la vida, no pasa un solo embotellamiento en que no recuerde la autopista del sur; frente a cualquier discusión, particularmente las discusiones tontas, la memoria me dicta elecciones insólitas... ¿Te acordás? A uno le piden que elija y le dan un calentador Primus, una banana, una rubia de costumbres elásticas.
Para desconcierto de la población y del obispo local nos quedamos con la banana. Me aterra tu posibilidad de vomitar conejitos a la mañana: Julio, ya es suficiente que a la mañana el sueño duele en los ojos o el meo se resista a salir. No puedo perdonarte lo de los conejitos. Tampoco lo del límite. Yo vivía tranquilo imaginando esa pared, no tenías que decirme que la pared era una soga que se podía saltar, en ese ring los contornos se pierden, la conciencia se pierde. Vivíamos tranquilos en nuestro metro cuadrado hasta que apareciste. “El hombre más alto del mundo” como escribió alguna vez García Márquez, con los ojos separados como los de un novillo, el brazo en alto señalando hacia allá, hacia allá, a la conciencia, a la soga, a lo extraordinario, lo extraordinario saltándonos encima como un gato, al miedo y a la risa, Julio, Julio...
Es natural que interpretes esto como un reproche. Yo quería ser feliz, hacer asados, mirar como despegan los aviones en el aeroparque, no necesitar a la Maga, no plantearme siquiera si la vida tiene más de una dirección: tiene una sola, y es el futuro, no hay dos futuros, hay el mío, no hay conejitos en la garganta, no hay instrucciones para subir una escalera. Yo quería ser feliz, imaginarme hasta acá, no hasta allá, no a donde nunca podré llegar, sacudirme la libertad como una araña del pantalón. Tirarme la araña a la cabeza, eso hiciste. Pelo de araña, mi cabeza se mueve lentamente, nunca sé en que puede terminar, volverme cursi y niño, abrirme a la confusión. Te imagino cada vez que miro por la ventana, o por un tunel o por un ojal, sé de memoria que podés estar en cualquier sitio, ahora mismo cagándote de risa.



(robado de: 
http://kialasysicalos.blogspot.com/)
Quienquiera que seas, sospecho con temor que caminas por los senderos de los sueños. Temo que estas realidades ilusorias se desvanezcan bajo tus pies y entre tus manos.

Quienquiera que seas, pongo sobre ti mis manos para que seas mi poema...

Walt Whitman
Cuando escribo, lo único que sé es que sufro de dolor, de esperanza, de alegría; sé que estoy sufriendo y que necesito decirlo.
Mi necesidad de escribir es todo, pero nunca miedo.

La poesía es un destino. Algo que se hace fundamentalmente con palabras, con emociones, con sentimientos.


Jaime Sabines.

El paraíso imperfecto

Es cierto, dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que desde allí el cielo no se ve.
 
Augusto Monterroso







En los libros podemos refugiar nuestros sueños para que no se mueran de frío.

La lengua de las mariposas

No es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratado, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley.


J.C
Se me hace imperativo irme de ti, 
darme todo al viaje sin regreso
y huir nuevamente del pan 
y huir del mar, 
del aguacero, de los nombres, 
las ausencias, las promesas
y aunque no sepa de qué huyo, 
si es de ti o del miedo de quererte
si es de mi o del miedo 
de dolerme y de dolerte
huyo del agüero sentencioso 
de la pena del silencio,
huyo de la posibilidad de ver espaldas
porque eso son las despedidas, 
un desfile de espaldas que se alejan. 

Angel Antonio Ruiz.




(De: 
http://kialasysicalos.blogspot.com)

¿Son las nebulosas la forma de arte más sublime del universo? (FOTOS)

Autor: pijamasurf




 En los últimos años el ser humano ha logrado auscultar los confines del espacio sideral a través de la extensión tecnológica: el Hubble y otros telescopios de alguna forma han alterado nuestra conciencia, revelando los paisajes astrales que el ser humano solo había podido entrever durante sueños o visiones místicas. Profusos campos policromáticos, velos de luz diamantina, fuegos arrebolados, figuras que se dibujan vagamente con la ayuda de la pareidolia o a través de espejo esmeralda de Hermes: “como arriba, es abajo”.
Numerosas culturas, entre ellas algunas de las más brillantes —como la maya, la griega y la india— han tejido historias fundacionales, arquetipos y mitologías en las que los dioses —y los hombres que de alguna manera alcanzan la divinidad, roban el fuego— se imprimen en el cosmos, se convierten en las estrellas, constelaciones y galaxias: como si eleveran su espíritu a la luz. Quedan tatuados en formas astrales, eternamente representando una historia arquetípica: persiguiendo a una mujer, cazando un antílope o tomando la figura de su animal tutelar. Estos signos que antes alcanzábamos a ver solamente con el ojo desnudo, ahora se ven aumentados por la profundidad de campo que nos muestra las matrices de las estrellas, los surtidores, los cuales también parecen hablarnos con el color, la forma y la luz: un lenguaje arcano que intuimos escribe en el cielo nuestro nombre, nuestro código, nuestra esencia: todo se repite con sutiles variaciones, todo es uno, el otro y el mismo.
Entre las imágenes que aquí recopilamos existen numerosas figuras antropomórficas, quizás proyecciones que hace el hombre en su búsqueda de sentido: el ojo de dios, la mariposa, el corazón, el cangrejo y hasta el balón de futbol compuestos de polvo y gas incandescente. Sin embargo, alguien podría pensar —siguiendo la línea de pensamiento que hizo a Milton decir, “El Dios que colgó la estrellas como lámparas en el cielo”— que estas figuras nebulares no son meras casualidades, sino manifestaciones de la conciencia universal y como tales, mantienen una armonía y un orden: nos comunican y lo que dicen son nosotros.  El espacio como lienzo en el cual brota, surgiendo del mar, el espíritu. 
Sean el resultado de la evolución que avanza ciegamente o de la mente que en su ardor se materializa, las nebulosas cumplen una función psicodélica, una función artística que nos permite vernos reflejados en el cielo y sentirnos parte de el misterio
“Nebulosa del Corazón”: Anahata chakra en el cosmos.
“Nebulosa del Águila”, también conocida como “Los Pilares de la Creación”, nominado anteriormente el cuerpo más hermoso del universo. El pilar más famoso se conoce como “la Hada”, una especie de ángel gaseoso que se eleva con altivez ingualable.
“Nebulosa del Cangrejo”, eléctrico crustáceo emitiendo rayos de alta energía en la profundidad del espacio.
“La Nebulosa de Gabriela Mistral”, otra nebulosa que evoca una pareidolia, en este caso el rostro de la poetisa chilena Gabriela Mistral: el misterio y el madrigal de luz.
“La Nebulosa del Ojo de Gato”, la pupila felina de luz diamantina, también evoca la danza de los átomos en su emisión vorticial de energía nuclear.
La nebulosa NGC 6751:  otro ojo cósmico con un collar de joyas fibrilares.
“La Nebulosa de la Hélice”, también conocida como el “Ojo de Dios”, una majestuosa mirada azul por donde la divinidad nos espía.
“La Nebulosa del Balón de Futbol”: el partido cósmico entre los dioses y los hombres.
“La Nebulosa del Cono”, la silueta grácil de un ser cósmico —entre puma y ángel— cuyo tercer ojo resplandece en el centro de una gládnula pineal de helio.
“Nebulosa de Cassiopea”
“Nebulosa del Casco de Thor”, otra pareidolia o un espejo de arquetipos: las historias de los dioses están grabadas en las estrellas.
“La Nebulosa de la Mariposa” evoca los trazos de Miguel Ángel en su representación de la conexión entre Dios y el hombre.
Nebulosa NGC 4038
“La Nebulosa de Orión”,  una de las más hermosas de nuestro universo cercano, el ombligo de la creación según la cultura maya.