- Quiero saber dónde debo ir. No quiero estar sin poder crecer. Aprendiendo las lecciones para ser. -

01 febrero, 2012

¿Son las nebulosas la forma de arte más sublime del universo? (FOTOS)

Autor: pijamasurf




 En los últimos años el ser humano ha logrado auscultar los confines del espacio sideral a través de la extensión tecnológica: el Hubble y otros telescopios de alguna forma han alterado nuestra conciencia, revelando los paisajes astrales que el ser humano solo había podido entrever durante sueños o visiones místicas. Profusos campos policromáticos, velos de luz diamantina, fuegos arrebolados, figuras que se dibujan vagamente con la ayuda de la pareidolia o a través de espejo esmeralda de Hermes: “como arriba, es abajo”.
Numerosas culturas, entre ellas algunas de las más brillantes —como la maya, la griega y la india— han tejido historias fundacionales, arquetipos y mitologías en las que los dioses —y los hombres que de alguna manera alcanzan la divinidad, roban el fuego— se imprimen en el cosmos, se convierten en las estrellas, constelaciones y galaxias: como si eleveran su espíritu a la luz. Quedan tatuados en formas astrales, eternamente representando una historia arquetípica: persiguiendo a una mujer, cazando un antílope o tomando la figura de su animal tutelar. Estos signos que antes alcanzábamos a ver solamente con el ojo desnudo, ahora se ven aumentados por la profundidad de campo que nos muestra las matrices de las estrellas, los surtidores, los cuales también parecen hablarnos con el color, la forma y la luz: un lenguaje arcano que intuimos escribe en el cielo nuestro nombre, nuestro código, nuestra esencia: todo se repite con sutiles variaciones, todo es uno, el otro y el mismo.
Entre las imágenes que aquí recopilamos existen numerosas figuras antropomórficas, quizás proyecciones que hace el hombre en su búsqueda de sentido: el ojo de dios, la mariposa, el corazón, el cangrejo y hasta el balón de futbol compuestos de polvo y gas incandescente. Sin embargo, alguien podría pensar —siguiendo la línea de pensamiento que hizo a Milton decir, “El Dios que colgó la estrellas como lámparas en el cielo”— que estas figuras nebulares no son meras casualidades, sino manifestaciones de la conciencia universal y como tales, mantienen una armonía y un orden: nos comunican y lo que dicen son nosotros.  El espacio como lienzo en el cual brota, surgiendo del mar, el espíritu. 
Sean el resultado de la evolución que avanza ciegamente o de la mente que en su ardor se materializa, las nebulosas cumplen una función psicodélica, una función artística que nos permite vernos reflejados en el cielo y sentirnos parte de el misterio
“Nebulosa del Corazón”: Anahata chakra en el cosmos.
“Nebulosa del Águila”, también conocida como “Los Pilares de la Creación”, nominado anteriormente el cuerpo más hermoso del universo. El pilar más famoso se conoce como “la Hada”, una especie de ángel gaseoso que se eleva con altivez ingualable.
“Nebulosa del Cangrejo”, eléctrico crustáceo emitiendo rayos de alta energía en la profundidad del espacio.
“La Nebulosa de Gabriela Mistral”, otra nebulosa que evoca una pareidolia, en este caso el rostro de la poetisa chilena Gabriela Mistral: el misterio y el madrigal de luz.
“La Nebulosa del Ojo de Gato”, la pupila felina de luz diamantina, también evoca la danza de los átomos en su emisión vorticial de energía nuclear.
La nebulosa NGC 6751:  otro ojo cósmico con un collar de joyas fibrilares.
“La Nebulosa de la Hélice”, también conocida como el “Ojo de Dios”, una majestuosa mirada azul por donde la divinidad nos espía.
“La Nebulosa del Balón de Futbol”: el partido cósmico entre los dioses y los hombres.
“La Nebulosa del Cono”, la silueta grácil de un ser cósmico —entre puma y ángel— cuyo tercer ojo resplandece en el centro de una gládnula pineal de helio.
“Nebulosa de Cassiopea”
“Nebulosa del Casco de Thor”, otra pareidolia o un espejo de arquetipos: las historias de los dioses están grabadas en las estrellas.
“La Nebulosa de la Mariposa” evoca los trazos de Miguel Ángel en su representación de la conexión entre Dios y el hombre.
Nebulosa NGC 4038
“La Nebulosa de Orión”,  una de las más hermosas de nuestro universo cercano, el ombligo de la creación según la cultura maya.

Las mejores imágenes tomadas con un microscopio de electrones


http://pijamasurf.com  

Concurso de fotografía microscópica revela los mundos interiores ocultos en la materia, la belleza de paisajes alienígenas se desdobla en el ramaje molecular.
«Hay otros mundos pero están en este», decía el escritor francés Paul Éluard. Uno puede mirar el paisaje por la ventana y ver montañas, árboles, nubes, otras formaciones topográficas, y uno puede mirar al interior del cuerpo y ver un paisaje similar. La “ventana” para ver el paisaje interior en este caso es un microscopio de electrones, a través del cual surgen los mundos dentro del mundo, el microcosmos de lo infinito en lo infinitesimal. Todo es una cuestión de perspectiva.
La empresa líder en óptica, FEI, convocó a un concurso de las mejores imágenes tomadas con microscopios de elctrones, ya sea de la familia Nova Dual Beal o de la familia Quanta. Los resultados son fascinantes, una explosión de color y formas al interior de la materia.
Arriba una disección de una hoja teñida artificialmente, tomada con un microcsopio Quanta.
Microcañón. Esta imgen, que emula un cañon, es en realidad una grieta en una placa de acero. Primer lugar del concurso.
Alveolos, una red capilar mostrando los eritocitos de la sangre.

Lamnacarus ornatus, un artrópodo o monstruo abstracto también llamado insecto.

La concha de un huevo llenada con carbón de calcio.
Contaminación en la superficie externa de un polímero de hierro.

Microfibras y microesferas.
Gusano fotografiado con microscopio Quanta.

Todo verdadero artista se ha inspirado más por la belleza de las líneas y el color y las relaciones entre ellos que por el tema concreto de la imagen. Piet Mondrian

 Mark Laita




 Alex Stoddard



















 Angelo Musco




Neil Craver

  














Markus Reugels






La belleza esta, en la magia de la visión.


La sublime interferencia de los rayos de luz, reflejados sobre una delgada película de jabón, da vida a un recorrido visual repleto de psicodélica honestidad. La serie de imágenes que a continuación te compartimos, constituye, de algún modo, un ensayo estético sobre la interacción armónica de múltiples fenómenos naturales: “fuerzas” la gravedad, la luz, la refracción, y la neuro-óptica, entre otros.     
Capturadas por Jane Thomas, cada una de estas fotografías representa una clase sobre bioestética. Como auroras boreales procesadas en un filtro artificial, en las superficies del jabón aparecen impredecibles patrones, códigos multicromáticos que refieren, por sí solos, a hipnóticas narrativas que narran el exquisito órden del caos.
Las películas de jabón se utilizan como modelos de sistemas para superficies minimales, los cuales son ampliamente aprovechados en diversas disciplinas matemáticas. La viva iridiscencia que proyectan estos cuerpos, se debe a la interferencia de ondas de luz que son reflejadas, y la tonalidad depende del grosor de la película.
*Las fotografías fueron capturadas con una cámara Sony Alpha 100 SDLR y un lente Cosina Macro 100mm.    
Y ahora cuéntanos ¿Cuál es la película más psicodélica que has visto? 
La lluvia, 
con frecuencia, 
penetra por mis poros, 
ablanda mis tendones,
traspasa mis arterias,
me impregna,
poco a poco,
los huesos,
la memoria.

Entonces,
me refugio
en un rincón cualquiera
y estirado en el suelo
escucho,
durante horas,
el ritmo de las gotas
que manan de mi carne,
como de una gotera.

Oliverio Girondo

Autobiografía Rodolfo Walsh



Me llaman Rodolfo Walsh, cuando chico ese nombre
no terminaba de convencerme: pensaba que no me
serviría, por ejemplo, para ser presidente de la
República. Mucho después descubrí que podía
pronunciarse con dos yambos alterados, y eso me
gustó. Nací en Choele Choel, que quiere decir
―corazón de palo‖. Me ha sido reprochado por varias
mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho
decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el
que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir
de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios.
El más espectacular: limpiador de ventanas; el más
humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante
de antigüedades; el más secreto: criptógrafo en
Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un
transculturado al que los peones mestizos de Río
Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero
sabía bolear avestruces y dejar el molde en la
cancha de bochas. Su coraje físico sigue
pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los
caballos. Uno lo mató, en 1945, y otro nos dejó como
única herencia.
Este se llamaba ―Mar Negro‖, y marcaba dieciséis
segundos en los trescientos: mucho caballo para ese
campo. Pero ésta ya era zona de la desgracia,
provincia de Buenos Aires. Tengo una hermana monja
y dos hijas laicas. Mi madre vivió en medio de cosas
que no amaba: el campo, la pobreza. En su
implacable resistencia resultó más valerosa y durable
que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no
haber terminado mi profesorado en Letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos,
cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto
grado. Cuando a los dieciséis años dejé el Nacional y
entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero
había perfeccionado el método: ahora armaba
sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese
idiota chiste de Rilke: si usted piensa que puede vivir
sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una
muchacha que escribía incomparablemente mejor
que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi
primer libro fueron tres novelas cortas en el género
policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin
pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y en
el dinero. Me callé durante cuatro años más porque
no me consideraba a la altura de nadie.
Operación Masacre  cambió mi vida. Haciéndola
comprendí que además de mis perplejidades íntimas,
existía un amenazante mundo exterior. Me fui a
Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo,
contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso.
Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En
1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el
violento oficio de escritor era el que más me
convenía. Pero no veo en eso una determinación
mística. En realidad,
he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber
sido cualquier cosa, aún ahora hay momentos en que
me siento disponible para cualquier aventura, para
empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más
necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento,
he tardado quince años en pasar de mero
nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a
armar un cuento, a sentir la respiración de un texto;
sé que me falta mucho para poder decir
instantáneamente lo que quiero, en su forma
óptima; pienso que la literatura es un avance
laborioso a través de la propia estupidez.

En este tiempo, tan adverso a la libertad, el
artista debe señalar a través de sus obras todas las
circunstancias en las que la libertad de pensar y
elegir estén en peligro. Es decir, debe crear
conciencia. Y la manera de hacerlo es reemplazar
la pérdida de la dignidad por la indignación.
Grupo Escombros (Colectivo artístico argentino creado en 1988) en:
―La Estética de la Desobediencia‖, Sexto Manifiesto, 2007.

Pensar la música y pensar el arte es pensar el país
también (…). Uno puede creer que hace música
porque sí: para entretener, para encantar, para
seducir a alguien, transmitirle algo a alguien, tal
vez menos para enseñar. Pero uno hace música
también porque, de algún modo, uno encarna un
pensamiento sobre el país. La voz, cuando canta
piensa un territorio, una cultura, una geografía.
Liliana Herrero. Cantante argentina. Entrevista, octubre de 2007.

Si yo pinto mi perro exactamente como es,
naturalmente tendré dos perros, pero no una obra
de arte.
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832); poeta, dramaturgo y
polígrafo alemán.

Para un artista la libertad es tan indispensable
como el talento y la inteligencia.
Máximo Gorki (nacido Alexei Maximovich Pechkov) (1868-1936);
novelista soviético.

El hombre sin espíritu musical y que no se
conmueve con la armonía de dulces sonidos, es
capaz de todas las traiciones, insidias  y
latrocinios.
William Shakespeare (1564-1616); poeta y dramaturgo inglés.

Arte bello es aquel en el que la mano, la cabeza y
el corazón marchan juntos.
John Ruskin (1819-1900); crítico de arte y escritor inglés.

El arte no reproduce lo visible, sino que hace
visible.
Paul Klee (1879-1940); pintor suizo

El arte es la perfección de la naturaleza. La
naturaleza hizo un mundo y el arte otro.
Sir Thomas Browne (1605-1682); escritor y médico inglés.

La pintura es el arte de proteger la superficie
plana de los daños del clima para exponerla a los
daños de la crítica.
Ambrose Bierce (1842-1914); escritor y periodista estadounidense.

La inspiración es trabajar todos los días.
Charles Baudelaire (1821-1867); poeta francés

Diego Fischermann, “La música del siglo XX” – 1998


"La música es dirección. Transcurre en el tiempo y, aún cuando su apariencia
sea de estatismo, siempre se manifiesta con respecto a la expectativa de
movimiento. La música, inevitablemente, es transcurso. Podría decirse que es
presente continuo o que, por el contrario, no tiene presente. ...se podría
asegurar que en la escucha de música, todo es recuerdo... y expectativa..."