- Quiero saber dónde debo ir. No quiero estar sin poder crecer. Aprendiendo las lecciones para ser. -

14 mayo, 2011

No nos contaron...

Nos hicieron creer que el “gran amor" sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.Las personas crecen a través de la gente.Si estamos en buena compañía, es más agradable.Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con PERSONALIDAD PROPIA, podremos tener una relación saludable. 
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto, cada uno lo va a tener que descubrir solito. Y ahí, cuando estés muy enamorado de ti, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien. Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, aunque la violencia, se practica a plena luz del día.

10 + 14 Mandamientos: reverso e inverso de una deleitable contradicción

"HABITANTES DEL PLANETA, YO FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS,
ME DIRIJO A UDS. PARA COMUNICARLES LOS MANDAMIENTOS DE UNA NUEVA RELIGION QUE HE INVENTADO"

1- Ser gánico (significa hacer siempre lo que uno tiene ganas)
2- Hay que irse a los bofes.
3- A Dios hay que dejarlo tranquilo.
4- Perder tiempo.
5- No perder tiempo.
6- Regalar dinero.
7- No distraerse.
8- Ampliar la esencia hasta llegar al halo.
9- Vivir poeticamente.
10-Hacer programas aburridisimos.
11-Tratar de divertirse todo el tiempo.
12-Creer en el gran despelote universal, tomar como punto de referencia eso.
13-No endiosar nada.
14-Superar lo controlable.
15.-Superar el plano fisico.
16-Jugar con todo.
17-Darse cuenta.
18-Creer en un mundo invisible mas alla del plano fisico, mas alla de los lejos y de los cerca.
19.-Hay que andar liviano en este mundo...o no.
20-Provocar movimiento.
21-Despreciar todo.
22-No mandar.
23-Flotar.
24-Clavar esto con una chinche en la pared.




(de ARTE UMSA)

La Estética de lo Roto. (Grupo Escombros)

• El arte no es una teoría: es un acto de libertad.

• El arte no se compra ni se vende. Admitir que la obra de arte es una mercancía, es admitir que el hombre es un objeto de compra-venta. El arte se hace y se comparte. Toda actitud mercantilista es una forma de corrupción. El arte no es un negocio: es una forma de vida.

• Hay un nexo que une a un partido de fútbol, un baile popular, una exposición de arte, un acto político y un festival de rock: ese nexo es la gente. Toda obra de arte que no involucra el concepto de participación es un mero objeto. Su valor cultural, sea cual fuere su valor comercial, es nulo.


• La obra de arte, como el café instantáneo y las jeringas descartables, se hace, se usa y se tira. No es un objeto, sino una actitud: el arte es una manera apasionada de vivir.


• Toda obra de arte es un relato de guerra: la que libra, sin cuartel, la libertad frente a la represión.

• El artista es el amplificador de la conciencia colectiva. La obra de arte revela lo que el poder oculta y dice lo que la sociedad calla.



• El sueño del Poder es congelar la historia. El artista alerta a la conciencia colectiva cada vez que cae prisionera de ese sueño. El artista no cambia al mundo: lo mantiene despierto. Se inserta en él como la espina en la carne: le produce dolor para señalarle la existencia de la enfermedad. Esa enfermedad es el silencio.


• El artista está en el mundo para romper el orden establecido. De esa ruptura surgirá un nuevo orden que volverá a romper. Así hasta el infinito.

• El artista es el guardián de la vida. fuente de todos los valores.

• Animar lo deprimido; unir lo separado; eliminar toda frontera; reemplazar el “yo” por el “nosotros”; recuperar lo perdido; resucitar lo muerto; hacer real lo abstracto; volver lógico lo irracional; liberar lo sometido; hacer posible lo imposible. Ese es el rol del artista.

• La única riqueza del artista es la posesión del instante.



• No importa nuestra edad ni el lugar donde hayamos nacido. No importa si nuestra obra es incipiente o el fruto de la madurez. No importa, siquiera, nuestro mayor o menor grado de conciencia. Todos los artistas sin excepción, sabiéndolo o no, estamos tocando una sinfonía de una sola nota: la culminación del mundo que conocemos.

• Ser artista hoy, es emprender la tarea demoledora de reescribir el Apocalipsis.

• El artista es un exorcista. Expulsa del cuerpo social a la muerte y sus cómplices: la depresión; la indiferencia; el desprecio por el otro; el sentimiento de inutilidad; la fascinación de la nada.



• El mundo es un abismo y el artista crea mientras cae. El vértigo es la condición humana.

• Todo ser humano es, en potencia, un artista. Alguien capaz de expresar lo que piensa y siente. Alguien capaz de utilizar como herramientas la imaginación y la sensibilidad. Alguien capaz de pelear por estos ideales: la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad.

• Sólo los soñadores son capaces de modificar la realidad. Los otros, los que creen que dos más dos es solamente cuatro, la reducen y simplifican hasta convertirla en una ruina.

• No hay reglas, no hay señales, no hay límites, no hay certezas. Esta es la realidad y es lo que expresamos: la forma de un mundo que carece de forma.

• Hay un solo proyecto cultural posible: la supervivencia.

• No hay que tener miedo.

PREISS, Byron y REAVES, Michael: (1993) El último dragón, Barcelona, Timun mas, 1996, fragmento.

Los preparativos constituían una tarea de
increíble dificultad. Nadie de cuantos vivían en Fandora
recordaba haber escuchado el sonido de las espadas
o haber presenciado una carga de caballería en los
campos pedregosos o en los páramos cubiertos de
brezos. Nunca se había presentado una situación que
justificara una guerra. Fandora estaba convenientemente
aislada de las demás naciones y no se había producido
ningún enfrentamiento civil. Las fuertes corrientes del
estrecho de Balomar y los grandes acantilados de la
costa habían evitado también las posibles invasiones
de los simbaeses y de los pueblos de las Tierras del
Sur.
No fue difícil encontrar a hombres dispuestos
a combatir, pero otro asunto muy distinto era encontrar
armas para ellos. La región era rica en mineral de
hierro, pero no había tiempo para sacarlo de las minas
y fundirlo para forjar buenas armas. Por tanto, se
decidió que cada pueblo armaría a sus hombres como
mejor pudiera.
- ¡No permitiré que os las llevéis!
El viejo, con los brazos en jarras, permaneció
inmóvil en lo alto de la escalinata de piedra que
conducía a su casa. Era un hombre muy anciano, con
la piel como pergamino seca y el cabello como una fina
gasa canosa. Aunque tenso de cólera e indignación,
su espalda aparecía encorvada por el peso de la edad.
Llevaba una túnica amarilla elaborada con seda fina.
En su dedo brillaba un anillo opalescente como si
reflejara la cólera que ardía en sus ojos.
Su casa era un rincón maravilloso de
Fandora, a su lado las casas de los ricos del pueblo
parecían chabolas de barro y cañas. Estaba situada a
la salida del pueblo, cerca de una arboleda, y rodeada
de un alto muro de piedra. El techo estaba cubierto con
una plancha de bronce batido, en lugar de con tejas de
madera. Dos torres bajas y sólidos con ventanas de
cristal coloreado flaqueaba la casa y la planta superior
se abría a un amplio balcón de madera delicadamente
tallada. El viejo estaba plantado delante de la puerta de
doble hoja, cerrada a cal y canto, y contemplaba con
aire enfurecido a los hombres que tenía delante.
- ¡Tenemos que hacerlo! - respondió uno de
ellos. Era otro viejo, aunque no tanto como el primero.
Vestía ropas de lana cruda y una capa raída. Se trataba
del Anciano Jefe del pueblo y tras él se encontraban
otros cuatro hombres. Tres de ellos parecían
impacientes y enfadados. Mientras el viejo discutía
con el Anciano, ellos fueron cambiando de postura,
apoyando el peso del cuerpo en una pierna y luego en
la otra. Sólo el cuarto hombre continuó sin moverse.
Era un gigante de casi dos metros con el cuerpo como
un tonel, unos brazos enormes y un rostro plácido y
poco despierto.
- Créeme, por favor- dijo el Anciano-. No me
gusta tener que hacer esto, pero debes comprender
nuestra posición.
- ¡Vuestra posición es la de unos bárbaros! –
gritó el viejo.
El Anciano se quitó la capa y se secó la frente. Con un
suspiro de impaciencia, intervino de nuevo.
- ¡No sirven para trabajar en los campos, ni
para viajar en ellas! ¡No les das ningún uso! ¡Fandora va
a la guerra y necesitamos ese acero! ¡Lo necesitamos
para construir armas con él!
- En ese caso, utilizad vuestros arados y
vuestros rastrillos – insistió el viejo-. Quitaos todos
vuestros anillos, dejad a los caballos sin herraduras y
arrojad luego a las llamas todo ese material. ¡Os repito
que no vais a despojarme de algo que aprecio más que
a mi vida!
Uno de los miembros del grupo, un hombre
casi calvo a causa de una cicatriz que le recorría la
cabeza, intervino inmediatamente:
- ¿Por qué seguimos discutiendo aquí con este viejo
estúpido? Necesitamos ese hierro y no nos queda
mucho tiempo. ¡Propongo que empecemos sin más
a llevárnoslo todo!
- ¡Intentadlo y os detendré! – exclamó el viejo.
- Por favor, compréndenos – insistió el Anciano en un
último intento por convencerlo. La guerra no nos deja
otra alternativa.
- ¡Siempre existe una alternativa a la guerra! Si sois
tan idiotas que queréis pelear y matar unos a otros, no
será con armas sacadas de…
- ¡Oh, ya basta! – lo interrumpió otro de los hombres,
muy alto y que pensaba que era muy atractivo; el
gigantón lucía lo que consideraba un uniforme de
funcionario, una túnica negra y polainas, entretejidas
de hilo de oro y salpicadas al azar de galones y
charreteras. Se lo veía sudar profusamente bajo
el ardiente sol, pero seguía luciendo su sombrero
emplumado y el cuello de la túnica cerrado hasta el
último botón. – No podemos perder más tiempo! –
añadió. Dicho esto, rodeó la casa en dirección al muro
de piedra almenado que se alzaba en la parte posterior.
Los demás lo siguieron. El Anciano hizo una pausa,
dirigió una mirada de disculpa al viejo y fue tras ellos.
El viejo corrió al interior de la casa y cerró la entrada
de un portazo.
Detrás de la casa, el terreno presentaba
una ligera pendiente hacia el bosque. Los hombres
siguieron el muro hasta llegar a una imponente verja
de madera. No estaba cerrada con llave, y la abrieron
con cierto esfuerzo, hablando fuerte, dándose ánimos
como suele suceder cuando los hombres saben
que están obrando mal. Penetraron en el jardín y, de
inmediato, se detuvieron para contemplar lo que tenían
adelante.
Era un verdadero vergel, una obra de arte viva.
Habían moldeado varios montecillos que aparecían
rebosantes de hierbas y flores. Los hombres salvaron
con cuidado un arroyo cuyo curso había sido desviado
para que corriera por la finca del viejo, donde formaba
una serie de charcas repletas de lirios y conectadas
por unas pequeñas cascadas. Aquí y allá aparecían
unos delicados afloramientos de rocas y cristales,
pero el elemento más impresionante del jardín eran las
esculturas.
Eran doce en total, y cada una de ellas
coronaba una pequeña loma. Todas medían más de un
metro y medio. Los intrusos reconocieron en algunas
la forma de seres legendarios, como un dragón alado
en pleno vuelo, o una serpiente de mar rodeada de
espuma oceánica. También había otras con ideas más
atrevidas: una criatura medio caballo y medio pez, un
ciervo alado con las patas delanteras levantadas en
actitud de desafío. Vieron flores con incrustaciones de
piedras preciosas y demonios con alas de murciélago.
Algunas de las piezas estaban realizadas con admirable
realismo y meticulosidad, hasta el más mínimo cabello
o el pétalo más pequeño. Otras, en cambio, apenas
estaban talladas y su masa metálica estaba trabajada
con artístico abandono. Sin embargo, una cosa tenían
todas ellas en común: el material del que estaban
hechas era hierro forjado, y sus autores, los artesanos
escultores de Bundura.
Los cuatro hombres recorrieron el jardín con
movimientos torpes debido a su incertidumbre. Unas
delicadas piezas cristalinas crujían bajo sus pisadas
como huevos al romperse. Dos de los intrusos asieron
la estatua más próxima, la del ciervo alado, y la
movieron hacia delante y hacia atrás para arrancar el
pedestal del suelo. Por fin, la volcaron, la levantaron y
empezaron a transportarla hacia la verja.
Sin embargo, antes de que llegaran a ella,
uno de los hombres se volvió de pronto, mirando hacia
la parte posterior de la casa. El Anciano, ocupado en
soltar otra estatua, miró también. En el umbral de la
puerta trasera se hallaba el viejo, que sostenía en sus
manos un arma que resultaba desconocida para la
mayoría de ellos; el Anciano la reconoció como una
ballesta.
- Dejad eso- dijo el viejo a los dos hombres
que llevaban la estatua. Obedecieron, pero el pie de
la figura rompió una baldosa -. He trabajado durante
veinte años para construir esta casa y el jardín –
declaró el viejo con voz aguda y quebrada, y con la
frente reluciente de sudor-. En mis viajes por el Lejano
Occidente he buscado a los mejores artistas, y ha
pagado grandes sumas para traer aquí estas esculturas.
¿Estaríais… estaríais decididos a destruirlas porque
no pueden arar un campo o tirar de un carro? ¿Sois
capaces de llevarlas al herrero para que las funda y
las transforme en armas? ¡Nunca! No lo entendéis…
¡Estas esculturas no tienen precio! No fueron hechas
para tener ninguna función, sino para existir, sin más.
¡Y ahora, marchaos, antes de que os mate a todos!
Mientras el viejo pronunciaba estas palabras, el
Anciano advirtió que la ballesta no estaba cargada.
El ver su error le causó una sorprendente
tristeza. Se volvió hacia el gigante y le dijo:
- Mantenlo dentro de la casa hasta que
hayamos terminado aquí.
El gigantón asintió, dio media vuelta y cruzó
el jardín. Pese a su mole y su peso, sus pies avanzaron
con rapidez y ligereza.
- ¡Os lo advierto! – gritó el viejo con un
asomo de histeria en su voz-. ¡Fuera de aquí! ¡Dejad en
paz esas estatuas o utilizaré esto!
El Anciano movió la cabeza en gesto de
negativa.
- No la usarías ni aunque supieras cómo
– murmuró. E hizo un gesto a los demás para que
siguieran trabajando.
El gigante se plantó frente al viejo, cuyos
ojos quedaron a la altura de los botones de madera
de su camisa, que le venía pequeña. Tras un jadeo
entrecortado, bajó el arma. Entonces, aquel gigantón
pasó un brazo alrededor de sus hombros, lo obligó
suavemente a dar media vuelta y lo condujo al interior
de la casa.
Las paredes de la habitación del fondo estaban
decoradas con cuadros a plumilla de las Tierras del
Sur. El viejo se derrumbó en una silla y el gigantón se
sentó en el otro extremo de la estancia, y lo contempló
con curiosidad. No entendía por qué el viejo se
mostraba tan trastornado. Si hubiera podido hablar, se
lo habría preguntado… pero era mudo. Naturalmente,
había muchas cosas que no comprendía, y no por
ello se consideraba mejor o peor. El mundo, en virtud
de su propio misterio, constituía un lugar espléndido
y fascinante para él, y siempre estaba dispuesto a
aprender más cosas, aunque no las comprendiera.
Ahora, no entendía por qué el viejo permanecía sentado,
con sus huesudas rodillas encogidas,  abrumado por
el pesar. El gigante se asomó por la ventana. Los
demás ya habían quitado cinco esculturas. Los hoyos
cuadrados de tierra  negra donde habían estado sujetos
los pedestales de las estatuas contrastaban con las
verdes lomas. Contempló las restantes esculturas. En
su vida había visto nada parecido. Algunas de ellas
eran tan reales, tan detalladas, que parecían seres
vivos que se hubieran transmutado en metal. ¿Por qué
los autores de aquello – su mente luchó por recordar
la palabra, escultores-, por qué se habían esforzado
tanto los escultores en aquellos trabajos?
Detrás de él, el viejo lo observaba.
- No te preocupes, estoy absolutamente
seguro de que se las llevarán todas. Estas estatuas
representaban toda una vida de búsqueda, ¿sabes?
Claro que eso a ti no te importa. Tu no puedes hacerte
una idea siquiera del crimen que se está cometiendo.
Destruir el arte en pro de la guerra… ¡No puede haber
crimen mayor!
El gigante observó las estatuas que iban
alineándose, una tras otra, junto a la verja. Vio cómo las
levantaban de sus lugares y, al contemplar los huecos
que iban dejando en la tierra, notó una punzada de
dolor en su corazón que no supo a qué se debía. Sin
las estatuas en sus emplazamientos correspondientes,
el jardín parecía muy vacío. De pronto, apartó la vista
de la ventana y observó al viejo. Ya no quería seguir
viendo lo que sucedía en el exterior, pero tampoco
quería seguir escuchando sus acusaciones, pues le
hacían daño. Emitió un sonido inarticulado, un gruñido
de dolor e incomprensión y el viejo alzó la mirada. El
gigante tenía los ojos fijos en él en una mezcla de
conmiseración y de esfuerzo por comprender lo que
sucedía.
- ¿Lo entiendes, entonces? – preguntó el
viejo en un susurro. Casi habría merecido la pena si
así fuera. Desde luego, no restituiría esas hermosas
obras de arte, ni el amor que expresan, pero sería de
algún consuelo saber que su destrucción ha inspirado
en ti una cierta apreciación de su valor…
El gigante lo obligó nuevamente a ponerse de
pie y a acercarse a la ventana.
- No- protestó el viejo, resistiéndose
débilmente-. No puedo mirarlas, ¿entiendes?
Es demasiado doloroso para mí. No soporto ver
deformado el amor que hay en ellas.
El hombretón frunció el entrecejo y sacudió
ligeramente al viejo por los hombros, como un padre
haría con un hijo obstinado. Movió la cabeza en
dirección a la escena que transcurría tras la ventana, y
señaló las estatuas una por una. Por último, colocó la
mano ante el rostro del anciano y levantó un dedo.
El viejo empezó a entender qué se proponía.
- ¿Quieres que… que escoge una de ellas? –
preguntó con asombro. El gigante asintió. El viejo miró
de nuevo. Era una elección muy difícil. Cada estatua
guardaba muchos recuerdos para él. Por ejemplo, la
que estaban arrancando con tan poca sensibilidad en
aquel mismo instante: el escultor se la había regalado
en agradecimiento por haberle salvado la vida en
una pelea de taberna de Dagemon- Ken, hacía varias
décadas. Otras, ahora en el suelo y abrumadas de
soledad, las había comprado o cambiado por otras
cosas sólo porque su belleza había hechizado sus
noches. ¿Decidirse por una? ¿Cómo podría? Era lo
mismo que pedirle a un padre que escogiera entre un
hijo y una hija. Era imposible.
Aún así, tenía que salvar una de las obras de
arte si era posible. Paseó su amorosa mirada por todas
ellas una última vez, contemplándolas detenidamente.
Cuando hubo terminado, tomó la decisión. Con
lágrimas en los ojos, señaló una de las más pequeñas
del lote, la imagen de una mujer naciendo de una flor.
- Ésa- dijo-. Era un regalo que le había hecho
una artista que ya había muerto, una escultora a la
que había conocido y amado durante un tiempo en
Bundura. Aquélla parte de la mujer al menos, seguiría
viviendo.
El gigante contempló la pequeña escultura
con sorpresa. Comparada con las demás, casi le había
pasado inadvertida. Sin embargo, ya había llegado
a la conclusión de que en todo aquello debía haber
algo más que todavía no lograba captar, de modo que
asintió. Salió al jardín, y se encaminó hacia los demás,
uno de ellos – el uniformado – se había aproximado a
la estatua con intención de arrancarla de su posición.
Cuando la sombra del gigantón cayó sobre él, el
hombre levantó la mirada. El gigante posó una de sus
manazas sobre la estatua y con la otra apartó a su
compañero.
- ¡Eh! ¿Qué quieres tú, ahora? – preguntó
el uniformado, agresivo e insolente. El otro no le hizo
caso. Levantó la estatua con una mano y las protestas
cesaron bruscamente. Cargado con la escultura, se
dirigió de nuevo hacia la casa.
- ¿Adónde vas? – oyó preguntar al Anciano con voz
tranquila. El gigante vaciló y, por fin, se volvió hacia él.
Sosteniendo todavía la estatua en una mano, movió la
cabeza con gesto de firmeza hacia la casa, donde la
silueta del viejo se recortaba tras la ventana.
El Anciano miró hacia la casa y luego de
nuevo al gigante. Tras un largo rato de inmovilidad,
asintió lentamente. El gigante llegó hasta la casa y
observó al viejo, que seguía mirando cómo se llevaban
las demás esculturas. Después, se retiró por fin de
la ventana y vio la estatua de la mujer en la flor, tan
extraña y fuera de lugar en la mano del hombretón. El
pedestal, sucio de tierra, estaba colocado sobre una
alfombra tejida a mano.
El viejo miró al gigante. En su expresión no
parecía haberse producido ningún cambio. Era pasiva
y abierta, pero serena. El viejo la estudió como lo haría
con una escultura, mientras el gigante lo observaba
con nerviosismo, como si no supiera qué hacer.
“Está esperando”, pensó el viejo. “¿Lo sabe? ¿Percibe
lo que siento, o sólo me tiene lastima?”
Entonces tomó la mano del gigante y la colocó
suavemente entre las suyas. Luego tomó sus dedos y
los deslizó ligeramente arriba y abajo por la espalda de
la escultura de la mujer.
- Yo la conocí hace tiempo- dijo el viejo-.
No tenía ese aspecto pero, cuando toco esta estatua,
siento que vuelvo a acariciarla.
El gigante lo miró con un destello de
comprensión en sus ojos. El viejo quiso abrazarlo,
agradecerle lo que había hecho, pero el otro se apartó
y corrió hacia la puerta.
El viejo, desde la ventana, lo vio cruzar el
césped a toda prisa. Después, dirigiéndose a una
mujer bundurana a quien no había visto en muchos
años, susurró:
- He visto una lágrima, mi señor

06 mayo, 2011

Animales con sentimientos- de JESÚS MOSTERÍN

Las piedras caen, las plantas crecen, pero sólo los animales actúan. Los animales se comportan de modo distinto según las circunstancias externas y los estados emocionales internos en que se encuentran. Cualquier conocedor de los perros o de los hombres, por ejemplo, se da cuenta de que a veces sienten celos, ternura o agresividad, curiosidad o aburrimiento, miedo o frustración, placer o dolor, tristeza o alegría. Todas estas afecciones son características de los seres que tienen alma o ánima, es decir de los animales. En efecto, la palabra castellana animal procede de la latina ánima, que significa alma. La noción cotidiana de ánima implica la vida –por eso a los seres sin vida los llamamos inanimados- y las sensaciones, sentimientos y emociones –por eso decimos de alguien con un nivel emocional bajo que está desanimado-. Finalmente, asociamos el alma con una cierta subjetividad, con la capacidad de reflejar el mundo desde dentro. Todas estas características se dan en los animales y (juntas) sólo en ellos. Sin embargo, el alma no es ningún fantasma caído del cielo, sino el resultado de la actividad del sistema nervioso. Así como la digestión es la función del aparato digestivo, las funciones anímicas son (algunas de) las funciones del sistema nervioso.
Aristóteles dedicó más páginas a los animales que a ningún otro tema. Al famoso filósofo, agudo observador y hombre de gran sentido común, nunca le pasó por la imaginación la idea de que los animales pudieran carecer de emociones o de cualquier otro estado psíquico. En la más extensa de sus obras, Investigación sobre los animales, Aristóteles subraya la continuidad y gradualidad de las diferencias psíquicas entre animales humanos y no humanos. “Así, docilidad o ferocidad, dulzura o aspereza, coraje o cobardía, temor u osadía, apasionamiento o malicia, y en el plano intelectual una cierta sagacidad, son semejanzas que se dan entre muchos animales y la especie humana, y que recuerdan las analogías orgánicas entre las partes de sus cuerpos... Esto es particularmente evidente si se consideran los comportamientos de los niños en la infancia: en éstos, en efecto, es posible ver como huellas y gérmenes de sus disposiciones futuras, y su alma no difiere prácticamente en nada del alma de las bestias durantes ese período.
La tranquila aceptación de la evidencia por Aristóteles fue sustituida más tarde por el mito antropocéntrico del presunto abismo entre los hombres, hijos de Dios y portadores de almas inmortales, y los demás animales, meras cosas. En el siglo XVII, Descarte trató de defender la mitología cristiana mediante teorías tan peregrinas como la de que nosotros somos puro pensamiento, mientras que los demás animales serían meras máquinas sin sentimientos. Esta mezcla de superstición y filosofía cartesiana bastó para negar la evidencia durante dos siglos, hasta que la biología se constituyó como ciencia con Charles Darwin.

A Darwin, el más cuidadoso observador de la conducta animal de su tiempo, no le cabía la más mínima duda de que los animales tuviesen sentimientos y emociones, y los expresasen de modos inequívocos. En 1871 publicó The descent of man, and selection in relation to sex (El origen del hombre, y la selección con relación al sexo), donde expresó rotundamente que "no hay diferencia fundamental entre el hombre y los mamíferos superiores en cuanto a sus facultades mentales", señalando que las diferencias son graduales y que, dentro de ese continuo, "hay un intervalo mucho mayor en potencia mental entre uno de los peces más primitivos, como la lamprea, y uno de los grandes simios que entre un simio y un hombre". Para Darwin "es obvio que los animales inferiores, al igual que el hombre, sienten placer y dolor, felicidad y miseria. La felicidad nunca se exhibe tan claramente como cuando juegan juntos animales jóvenes, tales como los gatitos, los cachorros, los corderos, etcétera, al igual que nuestros propios hijos", y "el hecho de que los animales no humanos se excitan con las mismas emociones que nosotros está tan bien establecido" que no son necesarios muchos argumentos.
Sin embargo, en 1806, sir Charles Bell había escrito un libro insistiendo en la tesis del abismo entre el hombre y los demás animales, en el que defendía que sólo los humanos habrían recibido del Creador la capacidad de sentir emociones y de expresarlas, como prueba de lo cual argüía repetidamente que había músculos en la cara humana sin parangón en el reino animal. En 1872, Darwin publicó The expression of the emotions in man and animals (La expresión de las emociones en hombres y animales), donde prueba todo lo contrario. La obra es de una extraordinaria riqueza. Darwin era un observador minucioso de las expresiones de los animales domésticos y recopilaba cuanta información podía sobre animales lejanos.

Las detalladas observaciones de Darwin sobre las diversas maneras como los animales humanos y no humanos expresamos nuestras emociones, teniendo en cuenta todo el repertorio de fruncimiento de entrecejos, movimientos de ojos, posición de orejas, apertura de boca, erizamiento de pelos, meneo del rabo, posturas corporales, sonidos (ronroneos, gemidos) y otros síntomas, son todavía frescas y en gran parte correctas. En efecto, las emociones de los demás son en parte transparentes y podemos detectarlas sin dificultad si sabemos distinguir sus expresiones faciales y corporales. El rabo del perro es elocuente. Cuando tiene miedo, recoge el rabo y lo introduce entre las patas traseras. Cuando esta enfadado y agresivo, lo levanta rígidamente. Si está contento, lo agita suavemente de un lado a otro.
...
Los etólogos que han pasado muchos años entre los elefantes, como Cynthia Moss o Joyce Poole, han aprendido a reconocer las múltiples y sutiles emociones de los paquidermos, incluido su sorprendente sentido de la muerte y sus muestras de aflicción por el fallecimiento de sus seres queridos. Cuando un elefante agoniza, sus parientes y amigos lo acompañan. Una vez muerto, tratan de reavivarlo, y cuando esto falla y se resignan, se quedan varios días junto a él, guardándole luto y tocando sus restos delicadamente con la trompa de vez en cuando. Tras observar repetidamente esta conducta, "no me cabe duda", declara Poole, "de que experimentan emociones profundas y tienen cierta comprensión de la muerte".

Jane Goodali ha pasado muchos años entre los chimpancés y ha observado todo tipo de emociones, desde la curiosidad más despierta hasta la agresividad destructiva, pasando también por la aflicción ante la muerte de los seres queridos. Flint era un chimpancé joven y sano, afectivamente dependiente de su madre, la matriarca Flo. Flo murió a los 50 años. Flint se negó a abandonar el cadáver de su madre, agarrándole la mano y gimiendo lastimeramente durante días. Tan triste estaba que incluso rechazaba la comida que le ofrecían sus hermanos. Al cabo de tres semanas se murió también, al parecer de pena.
Desde luego, no todas las emociones son tristes. Desde siempre, los observadores de las evoluciones juguetonas, los saltos y las carreras de los delfines han visto en ellos el paradigma de la alegría de vivir Sin embargo, incluso estos alegres animales pueden morir de estrés, como les ocurre a algunos durante los procesos de adiestramiento a que son sometidos, lo que ha llevado al más famoso adiestrador de delfines, Ric O'Barry a abandonar esa práctica.
El diencéfalo (que incluye el sistema límbico) es responsable de tareas tan diversas como el control endocrino, la regulación de la temperatura, los relojes biológicos, el comportamiento sexual y la reproducción. El diencéfalo es también la sede de la vida emotiva de los craniados. En esta área se producen emociones como el miedo, el estrés, la impaciencia, la agresividad, el hambre, el dolor, el aburrimiento, el placer, la ternura o el cariño, mediadas por ciertos neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina. El sistema límbico es un conjunto de pequeñas estructuras (como el hipotálamo, la glándula pituitaria y las amígdalas) estratégicamente situadas en medio del encéfalo, entre el tronco cerebral por abajo y el cuerpo calloso y el córtex por arriba. El sistema límbico está especial e intrincadamente desarrollado en todos los craniados amniotes (es decir, en reptiles, aves y mamíferos) y surgió entre los antepasados comunes a todos ellos, hace más de 300 millones de años. El sistema límbico está directamente implicado en las reacciones emocionales de esos animales, sobre todo las que tienen que ver con la supervivencia, como la atracción sexual, el miedo o la agresión. El hipotálamo, aunque tiene el tamaño de un guisante y pesa sólo cuatro gramos, regula un montón de actividades y estados somáticos, incluido el nivel hormonal, el sexo y las emociones. El hipotálamo está directamente conectado a la glándula pituitaria que a su vez dirige el sistema endocrino, secretando hormonas que transmiten las órdenes del cerebro a las otras glándulas del animal. Las amígdalas, así llamadas por su forma de almendras (como las de la garganta, con las que no hay que confundirlas), se activan cuando el animal (hombre o rata) siente miedo. Su estimulación eléctrica localizada, por otro lado, produce terror intenso. Ratas y seres humanos con las amígdalas dañadas son incapaces de sentir miedo en situaciones peligrosas.

En los seres humanos, nuestros estados emocionales están asociados a la presencia de ciertos neurotransmisores (moléculas que comunican unas neuronas con otras a través de las sinapsis). En concreto, nuestros estados de excitación y placer están caracterizados por la presencia de abundantes dosis de dopamina. El neurólogo Steven Siviy ha encontrado que, cuando las ratas juegan animadamente, sus cerebros segregan grandes cantidades de dopamina. Sin duda encuentran el juego excitante. Incluso anticipan el juego y se vuelven activas y excitadas al ser llevadas al campo de juego. Sin embargo, si se les administra una sustancia que bloquea la dopamina, cesa toda esa conducta. El neurólogo Panksepp ha descubierto también que las ratas que juegan producen endorfinas, como nosotros. La hormona oxitocina, que desempeña un papel en la actividad sexual y el afecto entre humanos, también interviene en el cortejo y formación de pareja entre los topillos de campo. 
Las estructuras cerebrales y los neurotransmisores implicados en las emociones, así como el sistema endocrino, son básicamente comunes a todos los craniados, por lo que en todos ellos pueden darse las experiencias emocionales. Así, ante situaciones de peligro potencial, el sistema límbico ordena a las glándulas suprarrenales que llenen la sangre de adrenalina, para prepararnos al combate. Desde dentro experimentamos esa preparación como enfado o coraje. Si el combate no llega, el coraje se transforma en estrés. Esto nos pasa igual a los humanos, a los delfines y a las ratas. Por tanto, y según los cánones más elementales de la ciencia, si nosotros a veces nos enfadamos, lo mismo les pasa a los demás mamíferos.
En los últimos años, un número creciente de libros y artículos de etología y neurología ha marcado un punto de inflexión que anuncia el arrinconamiento de la metodología exclusivamente conductista y el reconocimiento de las emociones de los animales. ... la lectura de los genomas de diversas especies va en la misma dirección. Son los genes los que en último término deciden lo que es cada animal, Y resulta sorprendente cuantos genes compartimos todos los mamíferos. En el caso de los chimpancés, compartimos casi todos los genes con ellos, por lo que la tarea de buscar los pocos en que nos diferenciamos tiene toda la dificultad de buscar una aguja en un pajar.
Porque los animales sienten emociones, gozan y padecen, podemos ponernos imaginativamente en su lugar y comprenderlos empáticamente, podemos compadecernos de (padecer con) ellos, cosas que no podemos hacer con una seta, o con una piedra, o con una máquina, que, careciendo de sistema nervioso, son inasequibles a las emociones e incapaces de sufrir.strong>...
El creciente reconocimiento científico de las emociones animales y de su capacidad para gozar y sufrir es una de las fuerzas que impulsan la revolución moral de nuestros días, que incluye nuestras relaciones con la naturaleza y con nuestros compañeros de fatigas y sentimientos que son los animales. La prestigiosa Universidad de Princeton ha nombrado para ocupar su nueva cátedra de ética a Peter Singer, el conocido defensor de los derechos de los animales. En cualquier caso, en el mundo artificial, abstracto, exangüe y virtual en que se desarrolla una parte creciente de nuestra actividad, corremos el riesgo de perder el contacto con las raíces de la vida y el sentido de la realidad. Nosotros no somos máquinas, sino animales, y lo olvidamos a nuestro propio riesgo. Quizá como reacción aumenta el interés por la inteligencia emocional y por las emociones en general Como ha observado Annie Frelich, incluso nuestros animales domésticos "nos enseñan a amar abiertamente" y sin tapujos.
En el monasterio de New Skete, en Nueva York, se cultiva el contacto con los perros. Los perros, comenta el padre Christopher "sensibilizan a los humanos y les hacen sentir la magia de la vida, cuán maravillosa la vida realmente es". Es que ya ni a los curas les cabe duda de que los animales tienen emociones. 
JESÚS MOSTERÍN: Animales con sentimientos, en el Suplemento dominical de El País, 12/2000.

¿Porque amar a los animales ?


PORQUE NO SABEN DE ENVIDIA NI RENCORES,
PORQUE EL PERDON ES ALGO NATURAL EN ELLOS 
PORQUE NO CONOCEN EL DINERO
Y SE CONFORMAN CON LO QUE TU LES DAS
PORQUE DAN LA VIDA SIN TENER QUE IR A UNA LUJOSA CLINICA
PORQUE SON ETERNOS NIÑOS ,
NO SABEN DE ODIO NI TRAICION
PORQUE SIN HACER NADA SON BELLOS 
PORQUE ANTE EL PODER DEL HOMBRE QUE CUENTA CON ARMAS , ELLOS SON INDEFENSOS 
PORQUE SE DAN A ENTENDER SIN PALABRAS ,
PORQUE SU MIRADA ES PURA COMO SU ALMA

Y PORQUE ESTAN VIVOS ! 

Pero, nena, tu risa es la magia de los rocanroles

Cuando de chico leí que una carcajada bien sonora, salida del alma, movilizaba más la energía en el cuerpo que una serie de intensas actividades deportivas o aeróbicas, me quedé impactado por la potencia sanadora de la risa. Con el tiempo accedí a explicaciones científicas sobre como el organismo moviliza sus recursos infinitos de recuperación, cuando el humor se instala y las emociones provocadoras se distienden ante la risa benéfica.
Las endorfinas, hormonas de la dicha, se despliegan en el campo de nuestro cuerpo, cuando la distensión y el placer se conectan con el humor, con esa puerta de acceso a la libertad del Ser, que comienza cuando uno en lugar de juzgar, directamente ríe.
Más aún si esa risa se autorefiere, es decir si aprendemos antes que nada a reírnos de nosotros mismos, el efecto es explosivo, de polaridad positiva.
Podemos pasar de un dicho gauchesco con su proverbial sabiduría: “El que se ríe, los males aleja”, a una profunda reflexión espiritual de Osho, cuando dice que la risa detiene a la mente, y que por eso proviene del corazón. La mente es tramposa. el corazón es sabio.
El hombre es el único ser de la creación capaz de reírse, Tiene el mecanismo de la evolución divina en un clímax tal que le permite detener el tiempo en ese instante. Fundirse en el motivo de su existencia en esa risa, que dicen los avatares, es la risa de Dios.
Dios es el gran humorista, que permite en forma compasiva que esta humanidad continúe, a pesar de su falta de amor y de humor.

Reír nos sana, y en estos momentos más que nunca, necesitamos mecanismos naturales, para preservar la salud, ante toda la tristeza que se nos quiere vender, sabiendo que si perdemos la risa, perdemos literalmente la vida.

El autorretrato

El autorretrato es considerado como uno de los ejercicios de análisis más profundos que puede hacer un artista. Implica escrutarse el rostro y conocerse hasta tal punto que la expresión que tenga en ese momento se traduzca en el dibujo o la pintura que aborda.

En épocas pictóricas como el barroco o el renacimiento, una de las costumbres era que el artista se autorretratara dentro de un gran cuadro, para reafirmar su autoría o para dar a entender sus intenciones, como lo hizo Velázquez.

Por medio de la pintura podemos saber cómo fueron los rostros de los personajes importantes de otras épocas (reyes, emperadores, papas, etc.), retratados e inmortalizados por la habilidad de los maestros pintores, que también disfrutaban pintándose a sí mismos.

Esta costumbre se ha extendido hasta la actualidad, y en nuestros días son frecuentes los autorretratos hechos por medio de una cámara fotográfica u otras tecnologías.

En un autorretrato interviene la subjetividad del artista, ya que el pintor o fotógrafo se representa a través de su propia mirada: su estado anímico se pone de manifiesto en la elección de la pose, los gestos, los colores de su ropa y de su piel.

Técnicamente, la pintura del autorretrato se realiza mirándose en un espejo, o en el agua de un charco o de un río, como lo hizo Narciso; otras veces los pintores se retratan según como "se piensan" a sí mismos o cómo se recuerdan; recorren con las manos la cara y trasladan las sensaciones a la representación pictórica.

Pero sin duda que el espejo ha sido clave en el arte del autorretrato, pues ha sido el objeto idóneo para ello. Verse en un espejo es la manera más rápida de autorretratarse. Sirviendo también de apoyo para que el contemplarnos podamos repetirnos en el papel, la madera o la arcilla.

El espejo fue clave en los autorretratos de Van Gogh.

Eso que mueve al artista a retratarse a si mismo indudablemente está ligado a un acto “narcisista” típico pero hay otros componentes igualmente importantes, de igual peso, para que esta motivación artística se lleve a cabo, quizás sea el de “echar mano” a lo que primero esta a la vista.

O sea, “uno mismo”. El modelo más próximo, más inmediato, lo más familiar que uno tiene. Ese personaje al que nos enfrentamos todos los días “frente a frente”, al espejo,







29 abril, 2011

"Llorar de amor, de hastío, de alegría..."

La risa y el llanto tienen muchas cosas en común, entre ellas, y la más obvia, es que son contagiosos. La risa genera endorfinas, pequeñas proteínas popularmente llamadas de "la felicidad". Las endorfinas actúan como neurotransmisores aumentando los niveles de células T, refuerzan el sistema inmunológico del organismo.     
Algo similar ocurre con el llanto. Llorar nos hace liberar adrenalina, una hormona que segregamos en situaciones de estrés, y noradrenalina, que actúa como neurotransmisor y tiene un efecto contrario al de la adrenalina. Cuando lloramos, eliminamos estas hormonas, lo que produce una sensación de desahogo y tranquilidad. Un ejemplo de esto es que, después de derramar algunas lágrimas, tanto niños como adultos se quedan dormidos.

La mejor válvula de escape
También  es la mejor válvula de escape para cualquier emoción intensa y que nos sobrepasa en un momento dado. Cuando rompemos a llorar, las emociones se liberan como si las hubiéramos tenido atrapadas en una olla a presión.
El llanto es parte del aprendizaje y del desarrollo humano, pero conforme nos hacemos adultos prescindimos de las muy saludables lágrimas como "cosa de niños", nos las permitimos en muy pocas ocasiones, y sólo cuando nos es imposible tragárnoslas.
El estrés, la tristeza, el dolor síquico y físico, la alegría, los nervios, la angustia, la emoción, etcétera, etcétera, son sentimientos que podemos traducir en lágrimas. Cuando lo hacemos nos sentimos mucho mejor, pero si ahogamos el llanto sólo logramos aumentar la presión y el desequilibrio interior.
Las lágrimas que no derramamos pueden enfermar el cuerpo y el alma, por eso hay que aprender a llorar de nuevo, algo muy difícil en sociedades en las que hacerlo es algo  que se hace muy pocas veces y preferentemente en privado.

Ojos brillantes
Igualmente es cierto que las lágrimas ayudan a limpiar los ojos y evitan que se sequen. Hay dos clases de lágrimas, las reflexivas o irritantes, que son las que nos provocan algunos alimentos y sustancias demasiado fuertes como  el polvo, la cebolla, etcétera. Y las que brotan del alma y obedecen a estados de ánimo y sentimientos.
Lo interesante es que unas y otras no tienen la misma composición química. Las lágrimas que tienen un origen emocional contienen gran proporción de un mineral, manganeso, y de la hormona prolactina, cuyos niveles están relacionados con el estado de ánimo del ser humano, el único miembro del reino animal que expresa con risa y llanto sus sentimientos.
Las lágrimas de tipo emocional son muy difíciles de controlar, y aunque no lleguemos a derramarlas, tener los ojos brillantes es algo que nos ocurre prácticamente a todos en determinadas ocasiones.
En el extremo opuesto de expresar raramente con lágrimas nuestras emociones está el hecho de llorar a menudo. Cuando esto ocurre es síntoma de un estado de tristeza y angustia que puede requerir ayuda médica. Incluso los duelos tienen un periodo de recuperación más o menos largo y se llegan a superar, en ocasiones con el apoyo de fármacos y de otras personas.

El llanto como cultura
La costumbre de llorar en público en las sociedades occidentales, en especial en el caso de los hombres, es algo que no se da a menudo y, cuando ocurre, suele ser un llanto silencioso, casi furtivo.
"Llorar no es de hombres" dicen las madres a sus hijos pequeños, pero el llanto de los niños, sean del sexo que sean, es parte integral de su desarrollo. Es una forma de atraer atención a sus necesidades básicas, como la comida, el frío o el sueño, y de expresar sus emociones.
Los niños a los que no se permite llorar acumulan estrés y ponen en peligro su salud. Recuperar el llanto cuando se es adulto es bueno, porque llorar no nos hace más débiles, sino mucho más fuertes. Además, después de una buena lloriqueada se ríe más y mejor.





Instrucciones para llorar

Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará  con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
                                          
(Julio Cortázar)

27 abril, 2011

Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que sos, no significa que brilles menos.
Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo.

Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa ese dia este lejos.

Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor,
no significa que debas conformarte con lo que sea.

Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos.

Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta.
Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso para detenerte.

Que nadie se haya dado cuenta la hermosa mujer que sos, no significa que no seas apreciada.

Que esperes y pienses en un hermoso príncipe para vos,
no significa que no seas ya una reina.

Sólo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que necesites cambiar nada.

Sigue brillando,
Sigue corriendo,
Sigue esperando,
Sigue viviendo,

Sigue siendo exactamente como sos:

¡Una Mujer Completa!


La falta de Amor y de reconocimiento en las mujeres como así también la falta de valorización y agradecimiento, de cariño, de mimos y de otras ternuras y gestos nos hacen sentir poco valiosas, poco importantes...

Pero la falta de pareja en la mujer hace que sienta como que no vale lo suficiente para tenerla, entonces su autoestima se ve día a día lastimada y deja de reconocerse como una gran mujer para sentirse sola y hasta incluso abandonada...

Siente por momentos que la felicidad del gran amor no es posible y en esa confusión en un determinado momento se prepara para seguir estando sola toda la vida.

Y no es así...Todo llega en el momento justo, ni antes ni después.

Todo se logra pero es importante aprender a quererse, a asumirse y a sentirse bien con una misma.

Si logramos estar bien en soledad, si una a una todas las partes de nuestro cuerpo crean una armonía perfecta, si dejamos de lado ciertas obsesiones para dar paso a la vida y no esperamos... sólo nos dejamos llevar, y no buscamos sólo abrimos el corazón y el alma dispuestas a dar lo mejor de nosotras...

Todo aparece, se encuentra, sin ninguna explicación lógica, porque sí, porque se dió... porque de pronto alguien detuvo la mirada en nosotras y en esos ojos vimos un camino por el que transitaríamos nosotros... los dos...  
No somos menos si estamos sin un compañero...

Tal vez podríamos tener muchos y no ser felices con ninguno...

No somos menos porque en este momento estamos sin pareja, o porque un hombre nos abandonó...

No somos menos si habiendo amado mucho un hombre no supo valorar ese amor y se marchó...

No...

Somos importantes en la vida, en la lucha diaria, en el abrazo, sólo merecemos amores de verdad, de aquellos que nos contienen, que nos respetan, que nos llevan de la mano pero que siempre y en todo momento nos permiten ser, sentir y crecer... Hay diferentes tipos de amor que muchas veces no lo son... parecen serlo nada más...

Hay personas que tienen pareja pero se sienten tan solas y vacías como si no las tuvieran...

Hay otras que por no esperar deciden caminar al lado de alguien equivocado y esa persona en su egoísmo no permitirá que se aleje de su vida,  aún sabiendo que no la hace feliz...

Hay personas que sostienen matrimonios o noviazgos ya destruidos por el simple hecho de pensar que estar solos es difícil e inaceptable...

Hay personas que deciden ocupar un segundo lugar tratando de llegar al primero pero ese viaje es duro, incómodo y los llena de dolor y de abandono.

Pero hay otras personas que están solas y viven y brillan y se entregan a la vida de la mejor manera...

Personas que no se apagan, al contrario cada día se encienden más y más.

Personas que aprenden a disfrutar de la soledad porque las ayuda a acercarse a sí mismas, a crecer y a fortalecer su interior...

Esas personas son las que un día sin saber el momento exacto ni el por qué, se encuentran al lado de una persona que las ama con verdadero amor...y se enamoran de una forma maravillosa...

Una mujer completa no necesita muletas...

Vive y se entrega día a día y cuando se enamora se entrega a ese amor sin dejar de ser ella misma !